El Panteón Francés de Puebla, una joya del arte funerario; el cementerio guarda los restos de soldados mexicanos y franceses muertos en la Batalla del 5 de mayo de 1862

Batalla en 5 de mayo de 1862Historia y arte dialogan en el antiguo Panteón Francés de Puebla.

Con cerca de 600 monumentos históricos y artísticos catalogados por el INAH, esta joya de la arquitectura funeraria resguarda en sus entrañas la memoria de los hombres mexicanos y franceses caídos en el campo de batalla el 5 de mayo de 1862, durante el sitio de Puebla de 1863 y la batalla del 2 de abril 1867.

Creado en 1896, el cementerio posee diversos monumentos emblemáticos como el de la Paz Franco-Mexicana, las diversas esculturas importadas desde Europa y algunas forjadas por escultores poblanos. Con sus calzadas, su capilla y diversas criptas que forman un mosaico de estilos arquitectónicos, esta necrópolis poblana es uno de los ejemplos claves del arte funerario en México.

Esa riqueza arquitectónica e histórica fue la que motivó al historiador Aldo Roberto Rivero Pastor y al arquitecto Rafael Barquero Díaz Barriga a emprender hace más de una década un proyecto de documentación histórica y artística en torno a este monumento funerario. El proyecto bibliográfico, que saldrá en los próximos meses, dará cuenta del valor patrimonial de este “poderoso caballero poblano que guarda en sus entrañas a excombatientes, científicos, prelados, gente que ha hecho mucho por Puebla”.

Auspiciado por la Sociedad de Beneficencia Francesa, Suiza y Belga de Puebla, institución encargada de la administración y resguardo del cementerio, el libro El Panteón Francés de Puebla. Ejemplo vivo de historia, arte y arquitectura funeraria, tiene como base la Intervención Francesa. “Inicia con una somera historia de lo que fue la Intervención Francesa, la batalla del 5 de mayo, el sitio de Puebla; hacemos una descripción del combate cuerpo a cuerpo entre franceses, los zuavos, y los soldados mexicanos y se insertan arengas en idioma náhuatl”, detalla Rivero Pastor.

El volumen, que además contará con una descripción puntual de los diversos monumentos y esculturas, también dedica un apartado a los epitafios, como una muestra de que en estos textos funerarios también hay poesía y prosa. “Algunos son muy prosísticos, otros muy cruentos. Hay arrepentimiento, melancolía, hay diferentes sentimientos expresados, y lo más importante es que no todos son copiados de grandes poetas, mucho viene del interior de los deudos y eso vale la pena dar a conocer”, considera el historiador.

Frente al Monumento a la Paz Franco-Mexicana, ubicado en el cruce de las calzadas principales del cementerio y emblema para representar la “reconciliación de ultratumba entre México y Francia”, el también notario público destaca la composición arquitectónica del panteón creado a partir de 1896 por iniciativa de la comunidad francesa asentada en Puebla, quienes buscaban un espacio para enterrar a sus muertos dispersos en camposantos de la ciudad.

“Es un ejemplo de arquitectura funeraria porque tiene todos los estilos que se utilizaban en aquella época. Tenemos un tipo de arquitectura poblana, como la de la capilla de la familia Toussaint, en donde se utiliza la cerámica de talavera, la piedra, el petatillo, muy sui géneris, muy poblano; encontramos también esculturas importadas desde Europa, por ejemplo, la de la Melancolía, el Llanto y la famosa Niña, de Pietro Capurro, escultor italiano de finales del siglo XIX y principios del XX. Hay toda una conjunción de mármoles de carrara y ónix de Tecali”, comenta.

Historias en piedra

El valor del cementerio no sólo está en sus monumentos, sino en la historia que cada uno de ellos posee. “Son los grandes sucesos históricos que han reforzado la identidad de este cementerio y lo han colocado como uno de los más importantes de México y, quizá, del mundo”, dice el historiador y agrega que esta necrópolis ha sido comparada con el Cementerio de Montparnasse, en Francia, con la Necrópolis de Cristóbal Colón, en Cuba y con la Recoleta, en Argentina.

“Es un panteón ejemplo de arquitectura ecléctica porque hay desde esculturas trabajadas con mármoles europeos hasta algunas trabajados por marmoleros poblanos”, dice.

El historiador, miembro del patronato de la Sociedad de Beneficencia Francesa, Suiza y Belga -que encabeza la señora Isabelle Aillaud Caire-, relata que una de las obras claves dentro de este mausoleo es el Monumento a la Paz Franco-Mexicana.

Inaugurado por Porfirio Díaz en 1901 -quien el 23 de noviembre de 1896 colocó la primera piedra-, el monumento está conformado por una pequeña capilla edificada por el arquitecto francés Auguste Leroy y por un conjunto escultórico que proyecta las figuras de un soldado francés y uno mexicano que se estrechan las manos, bajo la mirada de un ángel de la paz. Ahí se resguardan los restos de cinco mil excombatientes y de distinguidos militares de grado, cuyos nombres se encuentran grabados en las lápidas de la cripta principal.

“La cripta interior guarda los restos de cinco mil excombatientes además de una cápsula del tiempo que contiene un acta hecha ante notario público y firmada por los representantes de las fuerzas militares, políticas y sociales de Puebla; la moneda que se acuñó por la visita de Porfirio Díaz a Puebla en 1986, el periódico del día, la invitación, y restos de uniformes y medallas de los soldados”, dice Rivero Pastor.

A partir de este monumento el cementerio comenzó a consolidarse hasta convertirse en un espacio donde cada 5 de mayo se rinde homenaje a los soldados mexicanos muertos en la Batalla del 5 de Mayo, en el sitio de 1863 y de 1867.

La zona histórica del panteón ocupa 12 mil 500 metros cuadrados. Destacan los obeliscos que Maximiliano de Habsburgo mandó a colocar en el cementerio de las Ánimas de Puebla, en memoria de excombatientes europeos y que después fueron trasladados al Panteón Francés de Puebla. En este espacio también existe un monumento en memoria de los franceses habitantes de Puebla que murieron durante la Primera Guerra Mundial.

Ubicado junto al Cementerio Municipal de Puebla, este conjunto escultórico ofrece la oportunidad de conocer el arte funerario, una expresión artística, a veces ignorada.

EL UNIVERSAL

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Ilustración: Anónimo, Batalla del 5 de mayo de 1862, óleo sobre tela, Museo Nacional de las Intervenciones, Exconvento de Churubusco, INAH.

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