20140215_STD001_0Este 14 de febrero, no obstante las gélidas temperaturas que han paralizado a gran parte de EUA, se celebrará el día de San Valentín, conocido también por el Día del Amor (o el cariño, los enamorados y similares palabras acarameladas).

Entre cajas de bombones, perfumes, pañuelitos y sensuales regalitos, muchas parejas aprovecharán la salida, la bebida, el baile y el coqueteo para entregarse a un amor libertino depositando entre sábanas, piernas y labios uno que otro polvorete.

No es por casualidad The Economist presente un informe sobre los avances registrados en el arte y ciencia del condón, multimillonario proyecto financiado por el magnate y humanitario Bill Gates.

Dice que la fundación Gates ha ofrecido US$100,000 como capital semilla, respaldado por la promesa de US$1 millón adicional, a quienes logren rediseñar el importante dispositivo.

Durante la primera fase, explica, la fundación elijió a 11 de entre 812 propuestas. Ahora, para la segunda fase, otros trabajan hacia la creación del “femidón”, poco romántico denominativo para el condón femenino.

Los desafíos que enfrentan los diseñadores son lograr un equilibrio fuerzas contrarias: sensación y resistencia; inmovilidad en movimiento, fricción y sensación. Para ello están probando nuevos materiales, que sean resistentes, tengan agarre y su propia lubricación.

Algunos, dice The Economist, no están muy optimistas. Después de todo, a través de los siglos desde que se inventaron los primeros condones, se han visto tantas variedades:

Los han fabricado en concha de tortuga y en cuerno. En la más fina seda y el cuero más grueso. De vejigas de cerdo y de intestinos de oveja. Los han fabricado en caucho (natural y artificial). En plástico. Pero ninguno de ellos ha dado la talla. Los condones, aunque cada año se fabriquen 15 mil millones, y los usen 750 millones de parejas, cuando las cosas se ponen duras no son muy populares. A la hora de la hora, son torpes matapasiones que tienen una perturbante tendencia a estallar en momentos inoportunos.

Según datos que presenta The Economist, en los países desarrollados el 20% de las parejas los usan. Junto con la píldora, opción de 18% de las parejas en esos países, son los métodos de prevención de embarazo preferidos. 

En las naciones en vía de desarrollo, agrega la publicación inglesa, dispositivos intrauterinos y la esterilización son los métodos más comunes y únicamente el 4% de las parejas usa condones.

Por esta razón, dice The Economist, en términos de control a la natalidad, cualquier mejora en el arte de los condones sería para el placer mayormente en los países ricos.

Ahora bien, los condones siguen siendo claves para combatir el peligro del SIDA.

Así que estimados lectores, mañana por la noche cuando las cosas finalmente calienten en este miserable invierno, no olviden que mejor empacar la flecha de cupido.

Artículo en inglés