Alivio para las élites inglesas y europeas, frustración combinada con orgullo dentro las fuerzas pro independencia, un modelo aleccionador por parte de otras naciones europeas que buscan la autodeterminación.
Así se ha recibido el histórico voto en Escocia que amenazó con finalizar una relación política de socio menor con Inglaterra que se remonta 300 años.
Los resultados, indica la BBC, son alrededor de 45% a favor y 55% en contra.
Consistió de una pregunta en el referendo: ¿Está Ud, de acuerdo con que Escocia debería ser una nación independiente? Sí o no.
Mientras que cuando se anunció que tendría lugar el referendo se le descartó, con el pasar del tiempo fue ganando fuerza y los días que lo precedieron se marcaron por discursos rogando y prometiendo cambios por parte de la clase gobernante inglesa, y agresividad de ambos lados.
Al finalizar el conteo en los 32 concejos, el “No” obtuvo 2,001,926 votos, mientras que “Sí” reunió 1,617,989.
Pero los que piensen que al mantenerse el statu quo todo sigue como si nada, no se han molestado por intentar comprender el trasfondo que dio a una sola pregunta el potencial de poner patas arriba a Europa.
Ahora, los gobernantes tendrán que tener en cuenta los agravios de los escoseces y tomar medidas que los remedien.
El referendo de Escocia muestra, una vez más, el poder del nacionalismo en Europa.
Al definir a una nación por un idioma, cultura e historia comunes, ello les otorga el derecho moral a la autodeterminación,.
Se traza a la época de la Ilustración y las ideas de la Revolución Francesa.
Después de la Revolución Francesa, naciones como Alemania, Italia, formaron sus propios países en base a culturas, historias y lenguas comunes.
Más tarde, estos impulsos nacionalistas produjeron imperialismo, que se vio en la Primera Guerra Mundial.
Luego, tras el caos que dejó esta guerra, la lucha por la autodeterminación causó la atomización de los imperios dominados por las dinastías Hapsburg, Hohenzollern, Romanov y Otomana.
La presión nacionalista francesa quizo vengarse de Alemania en 1919 con lo cual sentó las bases del resentimiento nacionalista que puso a Hitler en el poder y comenzó la debacle de la Segunda Guerra Mundial.
Más tarde se crearían naciones como Yugoslavia y Checoslovaquia, que luego se desmembraron en pequeños países siguiendo la presión por la autodeterminación.
Es un deseo que sigue vivo en Europa. Su fuerza se vio ayer en Escocia y está en proceso de ebullición en Catalunya.