Por Carlos F. Torres, Director El Molino Online — ¿Permitirá el mundo que las muertes de 1200 trabajadores en Qatar construyendo las instalaciones de la Copa Mundial de 2020 sean sólo una nota al pie en la historia del fútbol?

¿Será que nuestro apetito insaciable por el electrizante deporte nos neutralice ante el crimen en un Gulag moderno?
Una investigación del diario inglés The Guardian publicada en Diciembre 2014, dice que los obreros importados a Qatar a construir la faraónica infraestructura para la Copa Mundial de Fútbol están muriendo a una tasa alarmante. “Un informe por la International Trade Union Confederation calcula que hasta el momento 1,200 personas han muerto y se calcula que pueden morir otros 4,000 para 2022”.
Un documento de la misma International Trade Union Confederation, describe a Qatar como un infierno terrenal.
En Qatar no existen los derechos y libertades fundamentales de los trabajadores ya sea para los trabajadores migrantes pobres o expatriados profesionales muy bien pagados. Los trabajadores extranjeros son esclavizados – propiedad de los empleadores que tienen el poder de contratación, control total sobre los salarios y condiciones de empleo, la autoridad para emitir tarjetas de identificación (no tener una tarjeta de identificación puede llevar a la cárcel) y la capacidad de rechazar un cambio de empleo o un visado de salida para salir del país. Esto se conoce como el sistema de kafala.
Aunque esto se discute por más de un año, el tema ha logrado renovada atención en vista de las imputaciones y extradiciones de 14 capos de la FIFA en una redada que, aunque ha hecho titulares, fue el resultado de dos investigaciones paralelas, más relacionadas con la evasión de impuestos y el lavado de dinero que con las muertes de los obreros.
Pero las acusaciones llevan desde el año pasado.
Y la culpa parcial recae en las corporaciones que se disputan los miles de millones en patrocinio de la Copa Mundo y los planes de marketing.
Sean Gregory de Time Sean Gregory escribe que, “Después de la noticia de hoy que el gobierno de Estados Unidos acusó a altos dirigentes del fútbol por cargos de extorsión, fraude electrónico y lavado de dinero, patrocinadores corporativos de la FIFA expresaron su preocupación, diciendo que estaban monitoreando la situación. Como era de predecirse, sermonearon levemente”.
Pero empresas como Visa deberían haber reevaluado su patrocinio de la FIFA mucho antes de los arrestos. Porque si bien la magnitud de la supuesta corrupción – más de US$150 millones de dólares en sobornos y mordidas, según el Departamento de Justicia – es chocante, otro escándalo se ha estado gestando desde hace años. Y éste involucra la pérdida de muchas vidas.
El silencio ensordecedor en torno a las 1200 muertes hasta ahora me recuerda del asesinato en 1964 de Kitty Genovese, una joven apuñalada repetidas veces una fría noche de invierno en Queens, Nueva York, mientras que los vecinos en torno decidieron ignorar sus gritos pidiendo ayuda. Murió sin que nadie hiciera nada.
Simplemente aterrador.
Pero otras cosas sucedieron durante la década de los 60, son fuente de optimismo: La gente escuchó un llamado de auxilio en contra de la injusticia y se movilizaron para ayudar.
Los estadounidenses escucharon los gritos de afroamericanos en el Sur que pedían derechos civiles y decenas de miles de personas acudieron en solidaridad.
Y cuando se enteraron de las injusticias de los trabajadores agrícolas en California, se unieron a César Chávez en los boicots de la uva, el vino y la lechuga.
Algunos años después, cuando los estudiantes de EUA comprendieron el apartheid en Sudáfrica, respondieron con boicots y los movimientos de desinversión.
Hoy en día, tras haber escuchado acerca de las brutales condiciones de trabajo para obreros, incluidos los niños menores de edad, en talleres de Bangladesh, Camboya y otros países, y muchos se están uniendo en el movimiento Love Fashion Hate Sweatshops, para lucir bien sin remordimientos.
Ese es el espíritu que debe surgir ahora que las acusaciones de la FIFA nuevamente nos recuerdan de los horrores de Qatar.
Estos horrores que van mucho más allá de los sobornos y mordidas, las maletas llenas de dinero en efectivo y el comercio los votos. Porque incluyen el sacrificio sin sentido de vidas humanas en el altar de la codicia.