Este martes, los niños de tres a seis años en el sur de Tel Aviv, en Israel, comenzarán sus clases en dos jardines infantiles separados pero iguales: uno para los niños judíos blancos, otro para los niños negros, hijos de refugiados africanos.
Pero eso no tiene nada que ver con racismo.
Según informa Lisa Goldman en The Daily Beast, la publicación Ynet (edición en hebreo) explica que la segregación racial se debe a que residentes judíos han amenazado con no permitir que sus hijos vayan al colegio si tienen que compartir pupitres, juegos y columpios con otros niños de Eritrea o de Sudán.
Dice que los barrios de Shapira y Hatikva, que por años han sido de las secciones más pobres de Tel Aviv, están poblados mayoritariamente por Judíos Mizrahi, u orientales, trabajadores filipinos no judíos y refugiados africanos — de los 65,000 africanos que han solicitado asilo en Israel.
No todos les han abierto los brazos, señala. Miembros derechistas del Knesset y algunos rabinos han agitado a fin de que no se alquilen apartamentos a los que no son judíos, incluso el año pasado se registraron actos de violencia.
Pero nada de esto es racismo.
“Los residentes judíos del sur de Tel Aviv rechazan con indignación las acusaciones de que son racista. Dicen que la infraestructura y facilidades de sus barrios empobrecidos no dan abasto”.