La masiva huelga agraria iniciada por campesinos en Colombia el 19 de agosto, y apoyada por amplios sectores de la población en los centros urbanos, continúa sin fin aparente, mientras delegados del presidente Juan Manuel Santos se esfuerzan por negociar un acuerdo con las organizaciones que convocaron las protestas.
Luego de violentos disturbios el jueves 29 que dejaron un saldo de al menos dos muertos, 147 heridos y 40 detenidos, el presidente Santos ordenó la militarización de Bogotá, ciudad capital con 7 millones de habitantes, informó El Espectador.
Ese mismo día se registraron 72 bloqueos en 37 carreteras de ocho regiones de Colombia.
En el sur de y centro de Bogotá, manifestantes destruyeron vitrinas con piedras y la policía usó gases lacrimógenos para dispersarlos.
(El blog Las2orillas dice que parte de la violencia fue resultado de provocadores de la policía colombiana infiltrada para desacreditar las protestas).
El “paro”, como en Colombia se refieren a la masiva protesta cívica, pone de relieve la devastación del agro colombiano, olvidado por décadas, agravado por las políticas neoliberales que han intensidad el dolor campesino por el flujo de importaciones del Tratado de Libre Comercio con EUA y la Unión Europea.
Tatiana Acevedo describe en El Espectador los antecedentes de la multitudonaria expresión de descontento popular:
Con los paros minero, cafetero y del Catatumbo como antesala, se gestó el paro nacional agrario iniciado por los cultivadores de café, que pedían al Gobierno el pago oportuno de subsidios y la intervención en los precios de fertilizantes, abonos y otros insumos, para reducir los costos de producción del café y hacerlo más competitivo.
Pisos térmicos arriba, campesinos de clima frío, paperos, lecheros y cebolleros bloquearon carreteras en Nariño, Boyacá y el oriente de Cundinamarca. Se quejaron de la falta de apoyo a los pequeños productores, del costo de la gasolina y los insumos agrícolas y de la importación de productos a más bajo costo. A la denuncia de insumos demasiado costosos se unieron los tomateros de Ráquira. Y los cacaoteros de Santander, que se movilizaron por los bajos precios del cacao, su importación y contrabando descontrolado.
En pocos días, maestros, trabajadores de la salud y estudiantes expresaron solidaridad con los campesinos, organizaron sus propias manifestaciones, y presentaron sus propias demandas.
Carlos Amaya, congresista colombiano por el Partido Verde y él mismo de origen campesino, dijo en una entrevista a María Jimena Dussan de la revista Semana:
Cuando viene la firma de los TLC y nos invaden productos principalmente de Estados Unidos, el campesino ya estaba sembrando a pérdidas. O dejaban de sembrar o hacían un paro el verraco. […] piden son cosas muy puntuales: que les reduzcan el precio de los fertilizantes, los más caros del mundo; que haya salvaguardas a algunos productos como la leche, la cebolla y la papa; control al contrabando y solución al tema del alto costo de la gasolina, que encarece los precios.
Y le agregaría otro tema: la escasa formación académica en las zonas rurales. En el campo casi nadie estudia y los que salen a estudiar se quedan en las ciudades. No hay tecnificación y los campesinos siguen sembrando a la antigua.
El congresista Amaya también se quejó de que en promesas del gobierno en previos conflictos habían sido incumplidas.
Los participantes en el paro, igual que muchos colombianos, ven en el TLC una de las causas principales de sus dificultades, informa la BBC:
Los pequeños agricultores dicen que los acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y los Estados Unidos, que han entrado en vigor recientemente, están inundando el mercado con productos agrícolas a precios que no son capaces de igualar.
El paro, que inicialmente el presidente Santos descartó como inexistente, ha creado una seria crisis política, mostrando paralizantes debilidades en su equipo, acorralándolo en una posición defensiva en momentos en que prepara su campaña por su reelección.
Es una brecha que buscan aprovechar una amplia gama de agrupaciones políticas, señalan comentaristas políticos.
Juan Manuel Urrutia, columnista y colaborador en Colombia de El Molino Online, explicó las fuerzas en juego en las protestas más serias que por años se han visto en esa nación.
En el viejo Caldas, donde se vive una inmensa crisis en el sector cafetalero a raíz de la caída mundial de los precios y la baja competitividad de los pequeños agricultores, el Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR) es la fuerza detrás de la agrupación Dignidad Cafetera, dice Urrutia.
En Catatumbo un paro armado y violento organizado por los productores de hoja de coca, ha sido apoyado por las FARC, el ELN y bandas de ex paramilitares.
Las FARC también han estado presentes en las protestas a través de la agrupación Marcha Patriótica liderada por la ex senadora Piedad Córdoba.
También se vio una cara muy familiar y bastante polarizante.
Para sorpresa de todos uno de los grandes responsables del abandono del campo y del empobrecimiento de los pequeños agricultores, Álvaro Uribe anunció su respaldo al paro, aduciendo que se debía a la falta de diálogo social del Gobierno de Santos.
Espanta la falta de preparación del Gobierno. Causa sorpresa que el Presidente diga mondo y lirondo que no sabía que a los paperos se les había incumplido y que el ministro de agricultura siga en su cargo.
Este vacío en el gabinete ha sido llenado por el sector de Defensa. El Ministro Juan Carlos Pinzón, se ha dedicado a insistir en que el paro está “infiltrado”, específicamente por las Farc.
No es por lo tanto extraño, que el Presidente haya pasado de desconocer la existencia “del tal paro agrario” a terminar acudiendo a ordenar “la militarización” de Bogotá y el destino de 50 mil soldados para que trabajen, junto con la Policía, en asegurar la movilidad en las carreteras.
El recurso de la “militarización” es otra evidencia del fracaso del equipo político.
Así se logre una salida de esta coyuntura, agrega Juan Manuel Urrutia, corre el peligro de ser algo temporal y tenue:
“Lo que todos sabemos pero no queremos oír, que el tema agrario en Colombia requiere de soluciones estructurales profundas y que no es con pañitos de agua tibia como comprar los excedentes de leche para dárselos a los niños pobres, o establecer precios de sustentación que favorecen la baja competitividad que son problemas que nos llevaron a este paro se van a solucionar”.
Fotos: #YoParoPor #ParoNacional. pic.twitter.com/pbueiE0ivg
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