UvasEl caso es llamativo pero no único, escribe Daniel Coronell en Semana. Pero ilustra perfectamente la avaricia de unos cuantos que exprimen al estado con subsidios y exenciones, pero encuentran la manera de burlar sus impuestos.

Se refiere al caso de una dama de la alta aristocracia colombiana, con un impresionante y distinguido listado de apellidos: “Doña María Clara Fernández de Soto Saavedra de Dávila”.

Además de un nombre cargado de títulos y abolengos, esta distinguidísima señora vive el equivalente de ganar todos los días la multimillonaria lotería Megamillions: “Paga 30 dólares al año de impuesto predial por una bella hacienda de más de 700 hectáreas [más de 10 veces el tamaño de la isla de Manhattan] en una de las zonas más costosas del país”.

La Hacienda Santa Barbara figura en los archivos históricos del Valle del Cauca, dice, el departamento colombiano en donde está ubicada. A través de los años, la cotizada propiedad ha servido “como solar a los Fernández de Soto, los Saavedra, los Sanclemente, los Cabal”, entre otras familias de la aristocracia vallecaucana.

Igualmente, en estos últimos 50 años ha sido propiedad de dos compañías: Santa Bárbara Ltda. y JM Saavedra y Compañía Sociedad en Comandita, señala. Ambas empresas han tenido una socia en común: doña María Clara Fernández de Soto Saavedra de Dávila. (Ver Cámara de Comercio)

“Lo curioso es que la fértil tierra está avaluada apenas en tres millones de pesos (US$1650)”, indica Semana.

En resumidas cuentas, y para provecho de la afortunada y avariciosa doña María Clara, su sociedad paga cada año por impuesto predial más o menos lo mismo que cuestan 10 kilos de la uvas que crecen en sus fecundos predios”, concluye Semana. 

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