Detrás de cada silla barata hay un crimen caro.
Escribe Kate Connolly en The Guardian que gigamueblería Ikea ha admitido que durante las décadas de 1970 y 1980, algunos de sus productos fueron fabricados mediante una fuerza laboral de presos políticos en lo que fuera Alemania Oriental.
Peter Betzel, jefe de Ikea en Alemania, se disculpó ante un grupo de antiguos prisioners, dice.
Agrega The Guardian que los directivos de la empresa sabían que eso sucedido.
“No es ni nunca fue aceptable que Ikea vendiera muebles producidos por presos políticos y quiero expresar mi más profundo pesar a las víctimas y sus familias”.
Foto: Ikea Alemania
Tags: Ikea Alemania