Colombia AyudaInforma Susan Abad y Nicholas Casey para el New York Times, BOGOTÁ – Gildardo Ramírez llegó el domingo a Mocoa para encontrarse con un paisaje en el que solo habían restos en el lugar donde estaba el vecindario de su tía Claudia. La buscó desesperadamente entre las ruinas, pues no había sido vista desde que un alud golpeó a Mocoa la noche del sábado.

“Llegué a la casa y estaba destruida”, dijo Ramírez por teléfono desde Mocoa, una pequeña ciudad montañosa al sur de Colombia, casi en la frontera con Ecuador. “Lo único que encontré fue una mochila”.

Familiares angustiados como Ramírez y más de 1500 rescatistas se apuraban el domingo para encontrar a cualquiera que estuviera vivo y atrapado en los restos, donde partes de la ciudad de Mocoa desaparecieron del mapa tras el deslave de lodo y agua de lluvia.

Algunos dijeron que ya podían oler los cadáveres entre los restos. Varios cuerpos estaban en un cementerio, sin enterrar, mientras los habitantes se concentraban en operaciones de rescate. “Tenemos el gran reto de encontrar a la gente desaparecida”, dijo Carlos Iván Márquez, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia.

La Cruz Roja colombiana dijo el domingo que había 234 personas muertas, mientras algunos medios reportaron saldos mayores. Márquez dijo que, además de los fallecidos, las autoridades estimaban que más de 200 personas resultaron heridas. Alrededor de 600 habitantes fueron evacuados a albergues temporales.

La destrucción comenzó con fuertes lluvias que duraron cuatro horas, lo que causó que los ríos alrededor de Mocoa se desbordaran en la noche mientras los habitantes dormían. El deslave azotó la ciudad durante el sábado, destruyó casas y se llevó automóviles e incluso camionetas grandes.

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