Gary Winner, de 50 años, de Wheeling, Ill., creyó haber diseñado la estafa perfecta: compraba “bombas de erección” en tiendas eróticas y luego las empacaba nuevamente y vendía a pacientes de diabetes diciendo que ayudaban a “con el control de la vejiga, el flujo de la orina y la comodidad de la próstata”.
Pagaba un promedio de US$26 por cada uno y los vendía por unos $284.
Luego, cobraba cientos de dólares a los pacientes, cargándolo al seguro Medicare, que subsidia el gobierno de EUA. Además, al tener los números de la cuenta de los pacientes, seguía cobrando fraudulentamente por otros artículos.
Embolsilló más de US$2 millones.
Ahora, según escribe Laura Crimaldi de la Associated Press, tendrá que pagar un máximo de tres años de cárcel, una multa de US$12,500 y tres años de un programa supervisado cuando salga.
Dice la AP que la fiscalía pidió una sentencia más rígida, pero los abogados de Winner pidieron clemencia aludiendo al sufrimiento durante su niñez.
Así sea Winner (ganador) su apellido, parece que en esta salió perdiendo.
Artículo en inglés