Papa-Congreso-EUACon su aura de humildad, una sonrisa y un lenguaje corporal que desbordan el amor, en el primer discurso de un Papa a una sesión conjunta del Congreso que incluyó la Corte Suprema de Justicia, Francisco I llevó a la capital de EUA un mensaje de solidaridad con los inmigrantes, respeto al medio ambiente, cese a la venta de armas, compasión con los necesitados y un fin a la pena de muerte.

Leyendo en inglés en el que cada palabra parecía haber sido cuidadosamente escogida, pronunciando en un tono suave pidió que se siguiera el ejemplo de cuatro norteamericanos, Abraham Lincoln, presidente que emancipó a los negros; Martin Luther King Jr., líder del movimiento pro derechos civiles; Thomas Merton, monje católico y autor y Dorothy Day, activista social católica, fundadora del movimiento Catholic Worker (Obrero católico).

Dijo al Congreso que debería regirse por la regla de Oro: “Trata a los demás como quieres que te traten”.

Hizo un llamado por “Un balance que combata la violencia a nombre de una religión, una ideología o un sistema económico, que proteja la libertad religiosa, intelectual y las libertades individuales”.

Recordó al Congreso, igual que lo ha hecho en diversas etapas de su viaje, que EUA es una nación de inmigrantes.

Sobre la crisis de refugiados en Siria dijo, “No los veamos como números sino como personas, mirémoslos en la cara, escuchemos sus historias”.

Pidió que se aboliera la pena de muerte. “…cada vida es sagrada, cada persona tiene una dignidad inajenable”.

Denunció el comercio de armas, “¿Por qué se venden armas mortales a aquellos que quieren infligir sufrimiento”.

Recalcó la necesidad de proteger el medio ambiente, “para evitar los efectos más serios de la deterioración causada por la actividad humana”.

No habló, como esperaban muchos, en contra del derecho al aborto y el matrimonio gay, dos temas que los sectores más conservadores de la Iglesia de EUA consideran temas centrales.

Luego, en vez de almorzar en el Congreso, sirvió a los sin techo en una cocina capitalina.

Por la tarde, en New York, fue recibido con un desborde de júbilo por las calles y en la recién renovada Catedral de San Patricio participó las oraciones vespertinas, desde donde rezó por las peregrinos musulmanes muertos en el hajj.

La cobertura televisada ha sido 24/7.