Portada Rolling Stone

Denunciada por la gente civiliada a través del mundo (imágenes abajo) la represión en Colombia no es nada nuevo. Es parte de la identidad nacional — igual que la corrupción y la desigualdad social, categorías que encabeza a nivel mundial. 

Actos de represión y brutalidad son hechos comunes a lo largo y ancho de la historia colombiana y, lamentablemente, aceptados por un pueblo anestesiado. 

Pregunte Ud. en Colombia cuál ha sido la represión más brutal en en el siglo pasado y le darán una larguísima lista de atrocidades.

La masacre de las bananeras, en donde murieron varios cientos, quizás miles de trabajadores que se habían declarado en huelga. Eso fue en 1928. García Márquez lo menciona en Cien Años de Soledad.

La guerra contra el campesinado en los años 40, bajo la administración de Laureano Gómez, que desplazó a centenas de miles de campesinos, quienes además de perder la vida fueron despojados de sus tierras. 

El periodo de “La Violencia”, en los años 50-70, cuando se hicieron famosos el “corte de franela”, y el de “corbata”, según se mutilara a la víctima a machetazos. El primero cortando brazos. El segundo sacando la lengua por la garganta. 

La guerra contra las llamadas “Repúblicas independientes”, inciada por Guillermo León Valencia que termina con la formación de la guerrilla de las FARC.

Sobran los ejemplos. Cada cual más brutal que el otro.

Lo que estamos presenciando es más de lo mismo. Los actores de siempre, políticos de un casta eterna, las élites (que se autodenominan “gente divinamente”) en sus clubes, los militares siempre dispuestos a “repartir” bala, los medios que servilmente repiten las mentiras del gobierno: (All Fox All the Time). 

Y el pueblo que pone los muertos. 

Los colombianos han salido a las calles porque no tienen mucho más que perder. Los ricos más ricos que nunca, se pasean por las capitales del mundo con facilidad. A diferencia de sus padres, hablan 2 y 3 idiomas, y son más pulidos. Los pobres cada día más jodidos. Muchos sin empleo. Otros subempleados. Exprimidos por los bancos, que les prestan mediante tarjetas con intereses de agio, enfrentan costos altísimos en los servicios básicos, en comunicaciones, internet. Un sinfín de peajes en las carreteras, sin opción de otras rutas.

La pandemia lo ha empeorado. Los ricos tienen para ir a Miami, vacunarse, divertirse. 

Los pobres escasamente reciben vacunas. 

Luego el ministro de haciendo presentó un plan de aumentar impuestos.

Fue la proverbial gota que rebalsó la copa y se han lanzado a las calles. Levan ya 11 días enfrentando balas de su gobierno, que están entrenados a ver cualquier protesta ciudadana como un acto enemigo. 

Esta vez, a diferencia de las previas masacres, el mundo está viendo cómo policías abusan de su autoridad contra gente indefensa. Los trucos de siempre — culpar al vecino país, sembrar provocadores — no están engañando a nadie. 

Hoy por hoy, el mundo ve al presidente Iván Duque, y a su padrino político Alvaro Uribe, como dos parias. Dos delincuentes. Dos hampones. Un par de matones. 

Desde esta humilde publicación expresamos nuestro repudio a la violencia oficial. Ofrecemos solidaridad con las víctimas. 

El Paro que se inició el 28 de abril ya ha logrado una gran victoria: Suspender el alza de impuestos.

Es precisio un diálogo entre el gobierno y la dirigencia del paro — muchos de ellos jóvenes. El diálogo no es con la gente de siempre: esa clase social rompió el país, no lo van a arreglar. 

¡Alto a la represión en Colombia Soldados y policías a sus cuarteles!

CFT
Director El Molino Online
Pennsylvania, EUA
5/9/2021