“Doctor, ¡Soy el hijo de Hitler! Dígame qué debo hacer”, le preguntó a François Gibaut un abogado parisino, Jean-Marie Loret, en un francés impecable.
Loret, nacido en 1918 y muerto en 1985, aseguró que Hitler había conocido a su madre, Charlotte Lobjoie, una campesina de 16 años, en Picardía durante la ocupación alemana en el primera guerra mundial, escribe el semanario francés Le Point.
Dice que Hitler tenía el rango de cabo, y estaba en periodo de descanso en Fournes-en-Weppe, cerca de la norteña ciudad de Lille.
Años después,, contaría su madre a Jean-Marie que, “Un día estaba recogiendo paja con otras mujeres, cuando vimos a un soldado alemán instalado del otro lado de la carretera. Tenía una especie de cartón y parecía dibujar. Todas las mujeres parecían interesadas con el soldado y tenían curiosidad por saber qué dibujaba. Fui designada para tratar de acercarme”.
Así iniciaron un romance y en marzo de 1918 llegaría al mundo Jean-Marie.
Nacido bajo el estigma de ser hijo de “sale boche” invasor, la joven campesina da al niño en adopción a una pareja durante los años 20.
Dice Le Point que Hitler nunca reconoció a Jean Marie, aunque sin embargo la familia que lo adoptó tuvo los medios económicos para sobrevivir, incluso durante la ocupación de la segunda guerra mundial, recibía sobres de dinero en efectivo.
Antes de morir, en los años 50, Charlotte Lobjoie reveló a su hijo la “verdadera identidad” de su padre, agrega Le Point.
“En las raras ocasiones que tu padre estaba aquí, me llevaba a pasear por el campo, pero estos paseos por lo general terminaban bastante mal. Inspirado en la naturaleza, comenzaba un discursos que yo no entendía mucho. No se podía expresar en francés y declamaba en alemán, dirigiéndose a una audiencia. Con mi limitado alemán no podía seguirlo sobre todo porque no conocía la historia de Prusia, Austria o Bavaria”.
Jean-Marie Loret dice que la noticia le produjo enorme malestar y angustia.
En la década del 70, contrató un investigador que realizó una serie de entrevistas, estudios de fisionomía comparativa, de sangre en el Instituto de Antropología y de Genética de la Universidad de Heidelberg, que concluyó que los dos hombres compartían el mismo grupo sanguíneo.
Pidió análisis grafológicos comparativos, y todo parecía confirmar el parentezco, dice.
Loret asegura que en casa de su madre encontró cuadros con la firma Adolfo Hitler.
En un momento, su abogado le aconsejó que no continuará con el proceso de reconocimiento.
Cuando en 1981 Loret publicó el libro ‘Tu padre se llamaba Hitler’ (Les dossiers de L’histoire), pasó desapercibido en Francia aunque en Alemania y Japón, la hipótesis parece haber sido mejor recibida.
Dato curioso: dice Le Point que antes de escuchar sobre su identidad, el francés Loret combatió en la resistencia contra los nazis en la región de Ardenas bajo el nombre de “Clément”.