El sitio en que fue asesinado George Floyd

Conmocionada, sacudida, asqueada, perturbada, temerosa, aterrada EUA observa el juicio al policía blanco de Minneapolis que asesinó en mayo de 2020 a George Floyd, un afroamericano, padre, hijo, hermano, con 46 años de edad. 

Hemos vuelto a ver videos de cómo lo mataron. Hemos escuchado testomonios de socorristas, médicos, entrenadores de la policía, testigos presenciales. 

La fiscalía ha presentado lo que parece un caso sólido de homicidio.

Por su parte, el equipo defensor del agente argumenta que Floyd estaba drogado, y que controlarlo era absolutamente necesario. Basan su argumento en un peligroso arquetipo dentro del imaginario negativo de EUA blanca: El negro enfurecido, alguien casi subhumano, de fuerza colosal. Es el coco que — alimentado por las instituciones desde que se fundó esta nación en la opresión de una raza por otra– ha servido una y otra vez para matar, encarcelar, humillar e intentar amedrentar a los negros de EUA. 

Este vil asesinato — el policía le clavó la rodilla en el cuello a Floyd durante más de 9 minutos hasta que dejó de existir — despierta en este bloguero memorias de violencia policial a lo largo de los años. 

Hace décadas, en los días del movimiento contra la guerra en Vietnam, casi recién llegado a EUA, este servidor se encontró en una situación en que la policía de un estado sureño atacó una reunión pacífica, alegre — una fiesta de adolescentes. Unos 40 policías, con bastones y perros, se lanzaron contra medio centenar de jóvenes desarmados y sin ánimo alguno de camorra. Nos  golpearon, interrogaron por un rato que pareció una eternidad. 

De todos los presentes, esposaron a un amigo afroamericano, un veterano de Vietnam, en plena forma. Jamás he visto una paliza similar a la que le dieron a Ernest, unos 8 a 10 policías — todos blancos. Luego de esposarlo lo tiraron al suelo, donde lo patearon, golpearon con los bastones, arrastraron, dejándolo hecho una pulpa. 

Jamás volvimos a ver a Ernest. 

Años después, la vida me llevó a Los Angeles para una viaje de negocios, acompañado de otro colega y nuestro cliente, Larry, afroamericano graduado de una de las mejores academias del país, con un CV impresionante.

Una salida de la carretera por vía errada y nos encontramos en medio de un barrio desconocido.

Mientras buscábamos ubicarnos, un auto de la policía nos detiene. Larry instintivamente pone las manos sobre la guantera. Su tensión era visible.

Licencia en orden. Papeles en orden. No hay señas de alcohol. Todo bien.

Fue entonces que comienzan con Larry. Lo sacan del auto, obligan a poner las manos en alto contra el vehículo, comienzan a registrarlo. Lo ingresan en el auto policial, al tratar de interceder nos sacan una arma. “Stop right there!”

Lo sueltan.

Como si nada, el agente nos guía a la interestatal. 

Silencio en el auto — no nos atrevíamos a hablar. Larry rompe el silencio: “No será a primera vez que me ha pasado. Ni será la última. No me pergaron un tiro, que alivio”.

Temprano en su vida, un niño afroamericano recibe de su padre lo que llaman “The Talk”. (La conversación). No es sobre los pájaros y las aves. Es cómo reaccionar si lo para un policía. Como responder, “Si señor/a”. Cómo evitar meter la mano en los bolsillos. O la guantera del auto. Todo en muchos casos con un arma apuntandole. 

Hace poco, en la ciudad de Atlanta, me reuní con un viejo amigo de la universidad. Profesor, abogado de graduado en Harvard, me contó como a su esposa la pararon y porque al agente no le gustó la respuesta, la sacó del auto, la tiró al suelo, la esposó. Se la llevó al calabozo. 

Una nota en Daily Beast informa sobre un teniente del ejército parado por la policía, obligado a salir del auto con las manos en alto, roceado con gas de pimienta. Su crimen ser negro y latino. 

El repugnante racismo que aflije a EUA, igual que un cáncer, ha hecho metastasis. Bajo la administración Trump, impulsado por su discurso fascista y xenofóbico, sostenido por funcionarios que abiertamente compartían esa ideología bajo la consigna “América Primero” cobró nuevo vigor. Fue un soplo de energía. Hoy día grupos de racistas, fascistas, nacionalistas y supremacistas blancos están en las fuerzas armadas, policiales, en el Congreso federal y las asambleas locales, y en los medios de comunicación, como Fox.

Derrotarlo no será fácil. Pero es esencial para la salud de la república — y para que las fuerzas progresistas sigan organizando. 

Otra semana que pasó en EUA

CFT, Director El Molino Online
Pennsylvania EUA
4/11/2021