Corrupción en ColombiaLa revista Semana en su edición del 8 de julio trae un muy buen reportaje,

Se comienza a construir un consenso: en Colombia estamos viviendo una crisis ética. Las reflexiones de los seis pensadores apuntan hacia la necesidad de recuperar valores fundamentales que hacen que una sociedad sea sostenible.

Reflexiones de Juan Manuel UrrutiaLa historia de los magistrados llaneros, al igual que la del corrupto fiscal anti corrupción, nos muestra hasta donde se ha perdido el norte. Un análisis simplista me lleva a hacerme una pregunta ¿por qué si en 2013 estos miserables ya estaban produciendo sentencias y actos que favorecían a notorios delincuentes con condenas más suaves, detenciones domiciliarias y otros “beneficios”, no se les investigó en su momento? ¿Porqué el flamante Consejo Superior de la Judicatura no hizo nada?

En el caso del corrupto fiscal anti corrupción, sucede un poco lo mismo. Brillante abogado, tan brillante que sacó del a cárcel a quien más tarde sería su esposa y cómplice, con argumentos que dan para “sábados felices”, resulta que la maleta llena de coca que llevaba la mujer se la dió la abuela que se murió, mamola diría un hombre, ese si ético, llamado Jorge Eliecer Gaitán. Me pregunto entonces ¿Cómo nombran de fiscal anti corrupción a un abogado que ya ha demostrado lo que piensa De la Espriella, que la ética es una cosa y el derecho otra?

No soy filósofo y como dice mi hija con la edad me vuelvo cada vez más intransigente. Me encantan los argumentos de los sabios consultados por la revista Semana, pero creo que hace falta uno.

A medida que las sociedades se vuelven tolerantes y los castigos más suaves, la ética deja de ser una raya que no se puede traspasar y se convierte en una autopista de cuatro carriles en donde la gente se mueve a su acomodo.

Volver al respeto de la ética, de la norma requiere, pienso yo castigos mucho más drásticos.

Las pequeñas cosas de cada día como estacionar en un lugar prohibido, pasar semáforos en rojo y hacer giros prohibidos en el carro no tienen castigo casi nunca. Lo peor esas faltas las cometen quienes tienen “más cultura” supuestamente. Si empiezan a castigar severamente estas faltas la gente empezará a entender que la ley es para cumplirla.

Los grandes delitos de corrupción y las estafas de los ladrones de cuello blanco también merecen mayores castigos. Digan lo que digan, delincuentes como Víctor Maldonado y Rodrigo Jaramillo y mucho otros deberían estar encerrados en una cárcel. Es una vergüenza que juicios como el de Samuel Moreno se tarden tanto. Los fiscales y abogados que intervienen en esos procesos deben estar ligados a un código de conducta que garantice procesos rápidos, hay que erradicar la fórmula del “vencimiento de términos”.

Claro está que es necesario volver a los valores fundamentales de la ética, desde la educación. Ahí si que tenemos un enorme vacío. Los profesores escolares no se ocupan demasiado del tema. El sistema educativo es hoy demasiado “blando”. En muchos colegios los niños violentos, de ambos sexos, mandan la parada, se les imponen a los maestros y cuando son sancionados viene la tutela interpuesta por los padres aduciendo el derecho a la educación. Hoy en día es más fácil alcanzar a Nairo Quintana subiendo a Patios que lograr expulsar a un pelafustán agresivo y violento de un colegio. Y así se va creando la cultura de la trampa y la ventaja.

Una trampita no es mal vista.

Aprovechar el estatus para incumplir la norma es símbolo de eso, de estatus, “Usted no sabe quién soy yo”, nos gritan las placas de las camionetas blindadas de alta gama estacionadas debajo de la señal de prohibido estacionar, con el motor encendido por horas, contaminando, y con un conductor/guardaespaldas que contesta si uno le sugiere que ahí no debe estacionarse “dígale al patrón que me ordenó que de aquí no me mueva que ya sale”.

Para que volvamos a encontrar la ética la sociedad requiere que el niño que viola la norma sea castigado, que al rico que tiene con qué pagar parqueadero y estaciona el carro en un lugar donde es prohibido, le quiten el carro, que al banquero estafador, al funcionario corrupto, al juez torcido los metan a la cárcel rápido y no los dejen salir más.

Lo malo, lo perverso es que a la pregunta ¿por dónde empezamos?, hay pocas respuestas porque todos ¡tenemos rabo de paja!, unos por hacer y otros por mirar para el otro lado.

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