Fue una linda promesa la del presidente Obama cuando en el 2009 habló de un tren de alta velocidad parecido a los de Europa o China.
Pero la bella promese no ha cuajado, no obstante los US$11 mil millones de dólares que se han invertido (¿malgastado?) en el proyecto. Ahora, indica Ron Nixon en el New York Times, la administración quiere otros US$10 mil millones.
Para ser justos, dice el Times, la administración ha tenido que bregar con oposición de los republicanos, protestas de las comunidades y una serie de demandas en los tribunales.
Sin embargo, agrega un crítico del proyecto, la plata se ha manejado con lujo de imprudencia.
Además, en vez de enfocar en el corredor del noreste donde el transporte ferroviario es de común uso y casi todo está listo para alta velocidad, se dedicó a mejorar sistemas existentes en el resto del país, que jamás darán más de 110 millas la hora, muy por debajo de lo que se había prometido.
La promesa de que en 25 años un 80% de la población de EUA tendría acceso a ferrocarriles de alta velocidad ha sido una enorme exageración.
Pero fue una linda promesa.