Segunda fase del Coronavirus en EUADe escuchar a Donald Trump solo a comienzos del mes de marzo 2020, ¿quién hubiera pensado que EUA se encontraría en esta situación?

El shock inicial ya ha pasado: El virus está esparciéndose a lo largo y ancho de la geografía de una país cada día menos activo, más caótico, donde crece en evidencia la falta de preparación. Hoy día, el gobierno está tratando lo mejor que puede de no dejarse llevar por el tsunami de la segunda fase del brote de coronavirus: la respuesta en vivo y directo, con un frenón en seco de la economía, hospitales, sin recursos, inversores nerviosos, políticos reencauchando fórmulas, y la angustiosa situación que va tomando control.

De mal en peor. La bolsa es una montaña rusa y ya ha eliminado todo lo que se ganó en los tres años largos de Trump. Los despidos están comenzando. Las fábricas van reduciendo actividades. El sistema de salud se desploma; los hospitales se quejan de que no dan abasto.

El gobierno comienza a anunciar un déficit de US$ 2 billones, invocando poderes de guerra y una devastación de la economía.

Más que nunca se nota que se perdieron preciosos instantes al comienzo de la crisis — es hora de pagar los platos rotos.

Los hospitales y las agencias gubernamentales están tratando de reunir suministros médicos, pero también el espacio físico, para responder a un brote generalizado. Barcos hospital del ejército se movilizan hacia New York y San Diego. Algunos pacientes que no son de coronavirus serán trasladados a estos hospitales flotantes.

Cerradas universidades y colegios por todo el país, los dormitorios vacíos de New York University pueden convertirse en habitaciones de hospital improvisadas, mientras en otras ciudades también buscan moteles, edificios vacíos e incluso vehículos recreativos como sitios de cuarentena.

Los hospitales posponen los procedimientos electivos, e incluso los trasplantes de órganos, para poder responder al anticipado aumento en pacientes con coronavirus.

Ante la inminente escasez de camas de hospital, ventiladores y máscaras, el presidente Trump está usando herramientas de fabricación militar, y algunos médicos están fabricando su propio equipo con rústicos materiales del día a día — pañoletas en vez de mascarillas, etc.

La crisis económica también está entrando en una nueva fase: los inversores han pasado de la venta de pánico a la venta más pensada.

En la Fase 1 de la crisis, las principales compañías estadounidenses vieron caer sus precios de acciones por temor a que el virus se extendiera por el país, a pesar de que las propias empresas eran fundamentalmente sólidas.

Ahora es diferente. Marcas como Hilton, Ford y American Airlines, la columna dorsal del sistema y que han sido sinónimo de orgullo y prosperidad nacional, están cayendo a pico.

COVID-19 les ha costado sus clientes y cualquier perspectiva de ingresos. Han dejado cesantes a los trabajadores mientras que suplican al gobierno que solicite rescates para hacer la nómina.

Próximos pasos: el Senado firmó ayer un proyecto de ley de alivio de coronavirus justo cuando la Casa Blanca proponía formalmente un plan de alivio y estímulo por separado de US$1 billón, con la mitad del dinero destinado a pagos en efectivo a estadounidenses necesitados. Se discute la posibilidad de enviar US$1,000 por adulto. Una y quizás dos veces.  Aunque la cifra parezca enorme, escasamente cubre el pago del seguro mensual de una familia. 

La clase trabajadora se enfrenta a una crisis muy real: EUA ha pasado de un desempleo casi récord a despidos masivos y licencias indefinidas. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, advirtió al Senado que podría verse un 20% de desempleo sin un paquete de ayuda drástico.

Varios estados ya han registrado picos dramáticos en las solicitudes de seguro de desempleo, y el cierre generalizado de gran parte de la industria de servicios apenas ha comenzado.

Así están las cosas en un país de familias divididas tanto por la distancia como por el aislamiento a veces en la misma residencia, donde comienza a sentirse el desgaste psicológico del encierro — todavía voluntario, Con cada mañana más oscura que el día anterior.

Trump,  sus acólitos en los medios, tratan de que un país sin memoria olvide cómo al iniciarse la crisis la ridiculizó hicieron  creer a gran parte del país que no pasaba nada. Dejaron pasar horas claves, errores y negligencia por los que está pagando el país — y el mundo.