La oferta de Vladimir Putin hace unas semanas de ayudar a una periodista despedida de su puesto por negarse a cubrir el vuelo del Prime Ministro ruso con una bandada de garzas de Siberia es parte de una larga tradición rusa que promueve el poder absoluto el hombre fuerte, escribe Sebag Montefiore en una columna en el New York Times.

Esa misma práctica fue común en los días de Stalin, igual que los del Zar Nicolas y los de previos gobernantes rusos, dice.

La llamada, dice el Times, “Elogia al escritor en una cultura que asigna un prestigio especial a la literatura”.

“Pero la sorpresa además promueve el culto del zar impredecible que, igual que Dios, obra de maneras misteriosas. Lo importante no es la llamada sino el mito de la llamada, cuya onda se esparce en el charco de la intelligentsia”.

La periodista, dice el Times, rechazó la oferta.

Artículo en inglés

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