Politóloga, autora de seis libros, periodista que por décadas ha analizado la realidad colombiana, Olga Behar se ha tomado el tiempo de responder por correo electrónico a tres preguntas de El Molino Online publicación que, desde New York, intenta dar a nuestros lectores una idea de lo que se vive en Colombia.
A continuación sus respuestas escritas el 15 de diciembre 2013.
El Molino Online. Si un árbol cae en el bosque y nadie lo escucha, ¿hace ruido? Miles de bogotanos marchan un viernes 13 de diciembre en la Plaza de Bolívar en apoyo al destituido alcalde y los principales medios escasamente lo mencionan, ¿a qué se debe?
Olga Behar. Los medios en Colombia, al igual que los políticos y –lamento decirlo- -algunos organismos de control, tienen fuertes intereses políticos, económicos e ideológicos. Gustavo Petro ha sido un gobernante con muchos problemas administrativos y de gestión. Pero eso no lo convierte en un delincuente ni en un corrupto. Esta parte de la historia es la que los medios no quieren ver.
Petro es, más que nada, una figura incómoda para el establecimiento.
Con el tema de las basuras desafió a grandes poderes que manejan ese sector –incluido el asunto del reciclaje, que es un gran negocio y él decidió entregarlo a los más humildes, a los recicladores, a quienes organizó y ayudó — y ésto (y no el desorden de los tres primeros días de la implementación) es lo que lo tiene hoy ad portas de la muerte política.
Ahora se ha sabido que los grandes negociantes de las basuras armaron un boicot para que a Petro le fracasara su estrategia y se percibiera un nivel de caos inmanejable, cuando hace un año cambió los contratos de recolección de basuras. La fuente es nada más y nada menos que el ex-vicepresidente, Francisco Santos.
Así es que todo esto obedece a que Petro se le atravesó a un gran negocio y los perjudicados tienen ascendiente en los medios de comunicación.
Lo que sí es cierto es que la manifestación del viernes en la Plaza de Bolívar fue cubierta -pienso que a regañadientes- por los medios, porque no todos los días llegan más de 50 mil personas a apoyar a un dirigente en Bogotá.
EM: Mirándolo desde la distancia, esto mucho más grande que Bogotá, es Colombia, América Latina. ¿Puedes darle un poquito de contexto en una región que conoces muy bien?
OB: A pesar de su estilo personal — prepotente, me dicen que no es bueno para escuchar a los asesores y toma decisiones a veces viscerales y no apegadas a las normas vigentes — Petro forma parte de un nuevo aire para la izquierda en Latinoamérica.
Los gobiernos de izquierda en varios países han mostrado que es posible administrar los recursos con el pueblo y para el pueblo, sin necesidad de luchar en el monte con las armas. Creo que aquí hay muchas lecciones para aprender. Pero también es el momento para que en nuestro continente se encuentre una fórmula para la conciliación y para el respeto por los demás, algo que en Colombia está lejos de suceder.
Colombia es un país totalmente polarizado y actitudes como la del procurador Alejandro Ordóñez — un fundamentalista retrógrado, homofóbico y de raíces ultra derechistas — poco ayudan para encontrar la paz. Me preocupa que con incidentes como el actual, las organizaciones guerrilleras — FARC y ELN — puedan concluir que, de desmovilizarse, no encuentren un entorno que les permita insertarse en la sociedad y vivir pacíficamente.
EM: Un destituido alcalde que levanta la bandera de los indignados, movilizaciones de masa en el centro de la capital y un país que se prepara para elecciones generales. ¿A dónde puede esto conducir?
OB: Eso nadie lo sabe, es difícil sacar la bola de cristal.
Aunque la situación de Petro podría estar en manos del Presidente Santos — que podría aplicar el artículo 323 de la Constitución, que señala que sólo él puede firmar la destitución — siento que el mandatario de los colombianos, en plena campaña por su reelección, se saldrá por la tangente.
En este momento hay varios recursos avanzando paralelamente, como tutelas de ciudadanos, demanda ante la CIDH, solicitud de revisión ante el mismo procurador y consulta a otras instancias como el Consejo de Estado y la Corte Constitucional. Por lo tanto, el camino es largo y culebrero, como se dice en mi tierra, y no percibo una situación diferente al retiro obligado de Petro de la alcaldía, el llamado a elecciones para completar su período, y una larga lucha que tiene posibilidades de revertirse en su favor, si la CIDH asimila su caso al del ex alcalde de Chacao, Leopoldo López Mendoza, a quien le restituyó sus derechos polìticos, con el argumento de que un organismo de control no elelegido popularmente, no puede quitarle los derechos a alguien que sí lo fue — o podría haberlo sido, como en el caso de López Mendoza.