HollywoodEl lunes por la noche, a muy poca distancia de la Casa Blanca y sobre la misma avenida Pensilvania, un puñado de poderosos hombres del entretenimiento se despreocupaba por un rato de la amenaza del huracán Sandy con un brindis que muy probablemente adquiere para ellos un significado premonitorio.

En el último tramo de las cruciales elecciones que definirán el martes próximo la reelección del demócrata Barack Obama o su reemplazo por el republicano Mitt Romney, ese pequeño grupo acababa de asistir en el gigantesco complejo Newseum a la primera proyección de SEAL: Team Six , mezcla de documental y dramatización sobre el operativo de caza y muerte del terrorista Osama ben Laden, que el próximo domingo emitirá en EE.UU. el National Geographic Channel.

¿Una búsqueda postrera y deliberada, a dos días de las elecciones, de los últimos votos a favor del actual presidente? ¿Una maniobra más para obtener rating? Más que una u otra, se trata de la última muestra de una campaña política en la que Hollywood se involucró como nunca y que coincide, en su tramo final, con el estreno en la Argentina de un film que se burla de todas estas cuestiones.

Locos por los votos (cuyo título original es precisamente The Campaign ) exhibe cuán despiadada puede ser la lucha por una banca en el Congreso si sus protagonistas resultan ser encarnados por figuras tan dispuestas a la comicidad burlona y zafada como Will Ferrell y Zach Galifianakis. La película está dirigida por Jay Roach, alguien muy ducho en el terreno de la parodia (allí están las sagas de Austin Powers y la familia Focker para demostrarlo), pero que supo acertar en el pasado al observar con más seriedad hechos candentes de la política norteamericana en sendas producciones para HBO.

En Game Change , Roach narró el apogeo y la decadencia de Sarah Palin, imaginada por los republicanos como figura traccionadora de votos en la anterior campaña electoral, que hace cuatro años culminó con la sonora derrota de ese partido y la llegada de Obama a la Casa Blanca. Pero sobre todo hay que detenerse en Recuento ( Recount ), un gran relato político que reconstruye al detalle todo el complejo proceso electoral que tuvo lugar en Florida y culminó, tras varias semanas de incertidumbre, consagrando la reelección del republicano George W. Bush frente al demócrata Al Gore.

Dice más de un observador que convendría revisar este último film a la luz de la apretada paridad que hasta último momento exhiben las encuestas, pensando en los indecisos de los swing states como Florida. Y hacia allí parecen apuntar los esfuerzos de las entusiastas figuras de Hollywood y del mundo del entretenimiento, resueltas y dispuestas hasta último momento en reforzar el apoyo que desde muy temprano vienen expresando en favor de la reelección de Obama.

Clint Eastwood. Defendió a Romney en la convención republicana con uno de los discursos más comentados de toda la campaña.. Como es costumbre, los demócratas cosechan entre los artistas las simpatías mayoritarias, y en este sentido no debe haber registro más fuerte de este apoyo que la aparición de algunos nombres muy fuertes de la industria de Hollywood entre los aportantes económicos más importantes de la campaña de Obama. Jeffrey Katzenberg, el poderoso mandamás de los estudios DreamWorks y su socio Steven Spielberg pusieron un millón de dólares por cabeza sólo en octubre. Lo mismo hicieron el influyente comediante Bill Maher y el actor Morgan Freeman, sumándose a una lista liderada hasta aquí cómodamente por George Clooney, que convenció a amigos y colegas a aportar sólo en una noche (y en su casa) 15 millones para la campaña. Obama lo agradeció personalmente, como luego lo haría en otros encuentros especiales para recaudar fondos convocados sucesivamente por Ricky Martin, Sarah Jessica Parker, Beyoncé y Will Smith.

Por el lado de la música, Katy Perry acompañó al actual presidente en Las Vegas, Bruce Springsteen ofreció un recital gratuito con ese mismo propósito en Virginia, Stevie Wonder compuso un tema para la campaña (“Keep Movin’ Forward”), Madonna dibujó en su espalda desnuda el nombre de Obama al presentarse hace pocos días en Nueva Orleáns y muchas otras figuras, aprovechando su llegada al público en la TV y a través de las redes sociales, no escatimaron el respaldo a la reelección.

DEL OTRO LADO

Katy Perry. Cantó en Las Vegas durante un acto electoral de Obama y acompañó al presidente en su apelación al voto joven.. Tan fuerte resultó este compromiso que los artistas cuya simpatía se acerca a Romney se propusieron demostrar que no todo el mundo del entretenimiento está con Obama. Como señaló Clint Eastwood en su comentadísima intervención durante la Convención Nacional Republicana (en la que dirigió reproches contra Obama hablándole a una silla vacía) hay más republicanos de los que parece en Hollywood, sólo que no quieren revelarlo.

Eastwood, que además grabó hace pocos días un spot publicitario reclamando el voto por Romney, no fue el único en pronunciarse en contra de la continuidad de la actual administración. Así lo hicieron, entre otros, Jon Voight, Robert Duvall, Tom Selleck, Chuck Norris, Kelsey Grammer, Sylvester Stallone, Patricia Heaton, Jerry Bruckheimer y los músicos Meat Loaf, Kid Rock y Ted Nugent. El más duro contra Obama fue el Kiss Gene Simmons (“En lo que a mí respecta su presidencia fue una porquería”).

Todos sueñan con el triunfo de su candidato, pero parece difícil superar en esto a alguien tan acostumbrado al triunfo como Harvey Weinstein, el astuto y poderoso productor que conquistó los últimos dos Oscar para dos películas suyas, El discurso del rey y El artista . Weinstein también está detrás del documental sobre Ben Laden que se estrenará dos días antes de las elecciones en Estados Unidos. El lunes último, en medio de la tormenta perfecta, apuntando la copa hacia la Casa Blanca, brindó por la reelección de Obama.

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Foto cortesía Mr Littlehand via flickr

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