vacuna

Por Amy Goodman y Denis Moynihan, Democracy Now! El hemisferio norte acaba de atravesar el solsticio de invierno, el día más corto y oscuro del año, pero es probable que los días más oscuros de la pandemia de coronavirus aún estén por llegar. En Estados Unidos, la COVID-19 ha provocado la muerte de 320.000 personas y se han contagiado casi 18 millones de habitantes del país. Todos los días se baten récords en las cifras de muertes y hospitalizaciones.

Amy Goodman sobre Dakota del Norte

Si bien ya se ha aprobado en Estados Unidos el uso de dos vacunas, los envíos iniciales no alcanzan las dosis esperadas. Las comunidades afroestadounidenses, latinas e indígenas se han visto especialmente afectadas por la pandemia: además de sufrir el racismo sistémico y la falta de acceso a una atención médica adecuada, se ven expuestas, con demasiada frecuencia, a fuentes contaminadoras que aumentan los riesgos que plantea la COVID-19.

Pocos días después de recibir su primera dosis de la vacuna de Pfizer, el Dr. Taison Bell, especialista en cuidados intensivos y enfermedades infecciosas de la Universidad de Virginia, en Charlottesville, dijo en una entrevista con Democracy Now!: “Tenemos que enfocarnos en la distribución equitativa de las vacunas y en dar prioridad a los profesionales de la salud que corren mayor riesgo, que es el personal sanitario que está en la primera línea de respuesta a la COVID-19”.

En una entrevista con la revista New Yorker Magazine, el Dr. Bell, que es afroestadounidense, explicó cómo se debatió entre sus deberes como médico y como ciudadano durante las manifestaciones que estallaron tras la muerte de George Floyd a manos de la policía de la ciudad de Mineápolis en mayo de este año: “Dos factores en competencia, el racismo y la COVID-19, están matando a las personas de mi comunidad. Siento mucha impotencia por el hecho de no poder luchar contra estos dos factores a la vez”.

El Dr. Bell contó a Democracy Now! un detalle inquietante acerca de la distribución de la vacuna de Pfizer-BioNTech: “La escuela de medicina Meharry Medical College y su hospital afiliado, Nashville General, no fueron tenidos en cuenta en los envíos iniciales de las vacunas de Pfizer. La escuela de medicina Meharry es la mayor institución privada de Estados Unidos tradicionalmente dedicada a la enseñanza de las ciencias de la salud a estudiantes negros. El centro de estudios y su hospital han estado liderando la lucha contra la COVID-19 y sus trabajadores corren un riesgo muy alto. No solo eso, su presidente y director ejecutivo, el Dr. James Hildreth, está en el comité asesor de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos que inicialmente revisó y aprobó la vacuna”.

La Universidad Meharry, fundada en 1876 durante el período de la Reconstrucción, en los años posteriores a la Guerra Civil, también está llevando a cabo sus propios ensayos de vacunas. Los ensayos incluyen especialmente la participación de personas personas de color para garantizar que las vacunas que finalmente se aprueben también sean seguras para estas comunidades tan afectadas por la pandemia.

Una encuesta reciente del Centro de Investigaciones Pew concluyó que solo el 42 % de los afroestadounidenses está dispuesto a recibir la vacuna; en comparación con el 60 % de blancos y latinos que afirman que se la darían.

Harriet Washington, especialista en ética médica y autora del libro “Apartheid médico: la sombría historia de la experimentación médica en los afroestadounidenses desde los tiempos coloniales hasta el presente”, dijo en Democracy Now!: “Los experimentos con vacunas y otros procedimientos médicos que han sido deshonestos y abusivos, especialmente en países en vías de desarrollo, han llamado la atención de la comunidad afroestadounidese y de otras comunidades. La historia reciente de experimentos abusivos con vacunas ha generado mucha inquietud y ha causado una gran reticencia en la comunidad”.

Entre los ejemplos que ella documenta se encuentra el famoso experimento de Tuskegee sobre la sífilis, un estudio clínico llevado a cabo entre 1932 y 1972 en la ciudad estadounidense de Tuskegee, en el estado de Alabama. Durante esos años, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos les prometió a 400 hombres afroestadounidenses brindarles un tratamiento para la sífilis, pero la propuesta era un engaño, ya que en lugar de un tratamiento se les administraron placebos. El objetivo de las autoridades era estudiar cómo progresaba la enfermedad cuando se la dejaba deliberadamente sin tratar. Muchos de esos hombres murieron.

Harriet Washington también detalla los entusiastas experimentos de vacunación contra la viruela que el tercer presidente de Estados Unidos, Thomas Jefferson, realizó con sus esclavos. Washington dice al respecto que, en 1801, “Jefferson pasó el verano vacunando a doscientos esclavos de su familia y de sus vecinos. Solo después de ver que la vacuna ayudaba a los esclavos a escapar a la enfermedad, Jefferson se la administró a su familia blanca en su residencia de Monticello”.

El Dr. Taison Bell se mudó a la ciudad de Charlottesville justo antes de la marcha “Unite the Right”, organizada por supremasistas blancos en 2017, cuyo objetivo era manifestarse contra la propuesta de remoción de una estatua del general confederado Robert E. Lee. Una contramanifestante antifascista, Heather Heyer, murió luego de ser atropellada por un defensor de la supremacía blanca que embistió su auto contra los manifestantes antifascistas, mientras que decenas de manifestantes resultaron heridos.

Esta semana, mientras el Dr. Bell recibía su primera dosis de la vacuna contra el coronavirus, la Mancomunidad de Virginia reemplazó la estatua de Robert E. Lee en el Salón de las Estatuas del Capitolio por una estatua de una mujer negra, Barbara Johns. En 1951, la joven de 16 años de edad Barbara Johns y otros estudiantes de secundaria afroestadounidenses organizaron una huelga en el condado rural de Prince Edward, estado de Virginia, en protesta por las condiciones desiguales de las instalaciones escolares de los estudiantes negros en comparación con las de los estudiantes blancos. Su caso fue tomado por la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color y luego combinado con otros en la histórica decisión de la Corte Suprema en el “Caso Brown contra la Junta de Educación”, que puso fin a la segregación racial en las escuelas públicas de Estados Unidos.

Al referirse al fundador de la Universidad de Virginia, el presidente Thomas Jefferson, el Dr. Bell dijo en Democracy Now!: “No se me escapa que trabajo en una institución que fue fundada por un miembro de la sociedad que era muy estimado, pero que pensaba que las personas como yo no eran dignas de recibir educación. Tenemos que eliminar los símbolos que honran legados que no están de acuerdo con la verdadera naturaleza de la democracia estadounidense. Pero también tenemos que asegurarnos de pasar a la acción y de que nuestras acciones hablen por nuestras palabras. Eso significa centrarnos en la distribución equitativa de las vacunas y tener en cuenta a las comunidades negras y mestizas desde el principio”.

“Equidad en la salud” significa distribución gratuita y equitativa de las vacunas y tratamientos contra la COVID-19. Cualquier otra cosa que no respete esa equidad será otro monumento al racismo en Estados Unidos.

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.