NEW YORK, Por Carlos F. Torres. Cuando WikiLeaks comenzó a divulgar secretos militares de EUA en las guerras de Afganistán e Irak, muchos observadores simpatizaron con el esfuerzo. Después de todo, se pensó, el público necesita informarse de las mentiras, abusos y errores que han costado las vidas a decena de miles de personas, resultando en el desprestigio político y militar que EUA seguirá sufriendo por años.

Luego WikiLeaks prometió publicar 250,000 documentos de la diplomacia de EUA. Pasada la ira y la vergüenza iniciales sobre los comentarios poco halagadores por parte del equipo que encabeza Hilary Clinton sobre los líderes mundiales, se vio a un grupo de diplomáticos trabajando muy duro, esforzándose por controlar situaciones difíciles en un mundo explosivo.

En cierta medida, y opinión de muchos, fue una victoria para la diplomacia estadounidense.

Y, a la vez, un revés para WikiLeaks, al no lograr su cometido de “desenmascarar la hipocresía” de EUA.

Pero este no fue el único revés que ha tenido la organización que optó por desafiar al país más poderoso del mundo. Al poco rato, perdían acceso a sus servidores, limitando su capacidad de entregar los archivos, relegando la noticia más y más al mundo de lo insignificante. Luego, suspenderían relaciones comerciales con ellos Paypal y MasterCard, instituciones mediante las cuales obtenían sus donaciones de contribuyentes. Se secó el dinero.

No era David contra Goliat. Era más bien un menosprecio total del enemigo.

Después vino el escándalo que perseguirá a Assange hasta el fin de sus días: el sexo. Fue su apetito sexual incontrolado lo que puso a Assange en la situación actual, donde el gobierno sueco pidiera su extradición, resultando en su arresto en el Reino Unido durante una semana, seguido por libertad condicional restringida.

Ahora, Assange ha comenzado a pelearse con sus antiguos amigos en prensa. Al poco rato de ser excarcelado, suspendió una entrevista con la cadena noticiosa ABC News, insultando al periodista que le hizo preguntas sobre las acusaciones que enfrenta.

Las cosas siguen de mal en peor. Informa Jon Slattery que Julian Assange “en una entrevista con The Times atacó a The Guardian, uno de sus favoritos ‘socios de los medios’ que tenían acceso exclusivo a los materiales de WikiLeaks”.

Cita a The Times: “Entendemos que el señor Assange está especialmente furioso con Nick Davies, un periodista de alto rango en el diario y antiguo amigo, por ‘la publicación selectiva’ de secciones incriminatorias de la denuncia policial, aunque The Guardian ha dejado claro que al fundador de WikiLeaks se le otorgaron varios días para responder e igual se sabe que no publicaron ciertos detalles gráficos de su conducta con una mujer”.

Pero estos detalles se han publicado por todas partes. Y son vergonzosos.

La situación que actualmente enfrenta Assange es que él ha dejado de ser el mensajero de la noticia. El es la noticia. Por más que intente presentarse como un Prometeo de la era digital perseguido por iluminar a la humanidad, su misma conducta irresponsable lo colocó como otro megalomaniaco más, incapaz de controlar sus impulsos.

Por el resto de su vida, sus escapadas sexuales saldrán a relucir cada vez que se googlée su nombre. Y en este mundo de escándalos sexuales jugosos, el de Assange es un escándalo de pusilánimes.

El peor castigo para megalomaniacos y narcistas es que nadie se fije en ellos. Y estas son las cartas que el destino depara para Julian Assange.

Blog Jon Slattery

Foto cortesía de Abode of Chaos via flickr