Lavado de dineroInforman Graham Bowley y William K. Rashbaum en el New York Times en español.  Cuando vendes tu casa, el contrato de compraventa lleva tu nombre y la búsqueda de escrituras detalla los nombres de las personas que fueron propietarias de la casa antes. Sin embargo, cuando alguien vende obras de arte en una subasta —incluso una que vale 100 millones de dólares, mucho más que una casa— por lo general no se revela la identidad del vendedor.

Los papeles de la compra quizá digan que la obra proviene de “una colección europea”. Pero el comprador no suele tener ni idea de con quién está tratando en realidad. Algunas veces, de manera sorprendente, ni siquiera la casa de subastas conoce la identidad del vendedor.

La discreción y el secreto han sido centrales para el mundo del arte durante mucho tiempo. El anonimato protege la privacidad, añade mística y elimina el estigma de comercio burdo en dichas transacciones. No obstante, algunos expertos ahora dicen que este tipo de discreción —que surgió en una época más sencilla, cuando solo unos cuantos coleccionistas adinerados formaban parte del mercado del arte— no solo es anticuada sino imprudente ahora que el arte se comercializa como una mercancía y se sospecha que se usa cada vez más para lavar dinero.

“El mercado del arte es un terreno ideal para el lavado de dinero”, dijo Thomas Christ, miembro del consejo del Basel Institute on Governance, una organización suiza sin fines de lucro que ha estudiado el tema. “Tenemos que pedir transparencia real, saber de dónde salió el dinero y adónde va”.

Artículo completo en español en el New York Times

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