hqdefault4Abel Castillo Noriega publica en Cubadebate una magnífica nota sobre Lev Yashin (1929-1990), legendario guardameta del Dynamo de Moscú y de la selección de la Unión Soviética. Los lectores colombianos de El Molino Online recordarán a Yashin que en el mundial de Chile de 1962 fue alineado contra la heroica selección Colombia y quien en Arica recibió 4 goles de colombianos, para el 4 a 4 que brevemente ilusionó a toda una nación. Lev Yashin: El maestro del área grande.

Cada temporada al finalizar el año, los seguidores del más universal de los deportes dirigen su mirada hacia el premio más codiciado por todos los jugadores del planeta fútbol. Este polémico galardón que es patrocinado por la revista France Football y la FIFA, premia generalmente a jugadores que defienden posiciones del mediocampo hacia arriba y subestima el desempeño y la trayectoria de los futbolistas que están situados en las zonas más retrasadas del campo. Por eso es tan meritoria la actuación de este hombre que defendió la portería de la selección rusa y del Dinamo de Moscú entre los años 1949 y 1971.

Dicen los que lo conocieron de niño que la película El Portero, basada en la obra del escritor ruso-judío Lev Kassil fue lo que lo inspiró a seguir los caminos de este deporte colectivo que tantos seguidores tiene en la nación euroasiática. Pero lograr este sueño no fue nada fácil para ese muchacho que deseaba convertirse en futbolista profesional, para defender los colores de su selección nacional.

Pasó varios años sin penas ni glorias antes de convertirse en el fenomenal arquero que nos muestra la historia de hoy. Como dijo el libertador Simón Bolívar “el arte de las victorias se aprende con las derrotas”, y la vida de este arquero tiene mucha relación con este precepto. Lev Yashin o La “araña negra” como también se le conocía, tuvo que enfrentar varias adversidades hasta llegar a la cúspide del futbol mundial.

Muchos de los cronistas de esa época le atribuyen los errores cometidos en sus inicios bajo los tres palos a su falta de experiencia. Esta fue una de las causas determinantes para que cometiera esas pifias de principiante que pusieron en duda sus cualidades como portero. Estos primeros tropiezos lo hicieron cuestionarse si debía seguir en este deporte o incursionar en otro y después de un tiempo fuera de los terrenos de juego, decide quedarse porque quería demostrarse a si mismo que era capaz de asumir ese rol dentro del club de sus amores, el Dinamo de Moscú.

Tuvo que esperar tres años sentado en el banquillo hasta que en una ocasión, tras la lesión del aquero titular le dan la oportunidad de volver a ponerse los guantes en un partido contra su acérrimo rival, el Spartak de Moscú. Esta vez su gran actuación y su constancia comenzaron a borrar los estrepitosos deslices que había tenido. La recompensa al esfuerzo realizado en los entrenamientos vieron los frutos con la llamada a integrar la selección nacional en 1954.

Ya para esa fecha empezaba a ganarse el reconocimiento del público y lo que lo catapultó a la gloria fueron los títulos alcanzados en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956 y la Copa de Europa en 1960. Disputó tres Copas del Mundo: Suecia 1958, Chile 1962 e Inglaterra 1966, en donde consiguió con su selección el cuarto lugar, tras perder frente a Portugal en el partido por el tercer puesto. En estos eventos no tuvo igual suerte y en la cita de 1962 la prensa de su país arremetió contra su figura señalándolo como el principal responsable de la derrota contra el equipo local.

Según la periodista Montse García, el guardameta decide retirarse del fútbol y se va a vivir a su casa de campo. Sin embargo, un año más tarde decide volver porque se había demostrado que el problema de dicha selección no estaba en su portero sino en otros síntomas que denotaban que las cosas no marchaban bien. La causa principal era el mal ambiente dentro del vestuario debido a que muchos de los jugadores no se hablaban, como se reconoció años después.

Regresó al más universal por la puerta grande al ser galardonado con el Balón de Oro en 1963, siendo el único guardameta que ha conseguido este importante premio. A lo largo de su carrera fue además reconocido como el mejor portero de los Mundiales 58, 62 y 66, de las Eurocopas 60 y 64 y de las Olimpiadas 56, 60 y 64. Méritos que le valieron para ser reconocido por la FIFA como el mejor portero del siglo XX.

Se convirtió a lo largo de los años en uno de los jugadores más populares y respetados por su dedicación al deporte. Era admirado dentro y fuera del vestuario por todas las personas que lo rodeaban, tanto por sus compañeros como por los entrenadores y aficionados. Uno de los adeptos a su figura fue el goleador de la selección portuguesa, Eusebio, quien en una oportunidad expresó que “Lev Yashin atajaba con clase y calidad, contrariamente a lo que se veía en esa época. Incluso se atrevía a abandonar su portería para cortar alguna jugada de ataque del equipo contrario.”

Otro de los que se deshizo en elogios hacia su figura fue su compañero Valeri Máslov, quien aseguró que “Hay muchos porteros que saltan muy bien, con buena técnica y una increíble reacción. Pero además de eso, Lev Ivanovich Yashin sabía cómo anticipar una situación de juego. En el campo era como un entrenador que juega” enfatizó el ex futbolista.

Son muchos los analistas en la materia que exponen que el crecimiento de Lev influyó en el desarrollo de este deporte y que ilustró el camino al arquero moderno, anticipando y saliendo de su área pequeña porque había entendido que con las manos, podía hacerse maestro de toda el área grande. No se puede contar la historia de esta disciplina sin mencionar a este imprescindible del deporte de las multitudes que primero fue portero de hockey sobre hielo, antes de convertirse en el arquero más grande del fútbol mundial.

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