Folclore es una palabra de origen inglés que se forma con la palabra Folk (pueblo) y lore (conocimiento, acervo). O sea, el folclore es el conocimiento popular. Se ha aplicado esta dichosa palabra de muchas formas. La más frecuente se refiere a las manifestaciones artísticas de los pueblos. ¿Cuáles? Las artesanías, la música y los cantos, las artes plásticas, la culinaria, en fin, las costumbres.

Reflexiones de Juan Manuel UrrutiaEl folclore colombiano puede ser tan rico como la bio diversidad de su naturaleza. Pocos países pueden llegar a tener tantas manifestaciones musicales, por ejemplo, como Colombia. En Colombia, más precisamente, en Antioquia y lo que llamamos el “viejo Caldas” se ha perfeccionado el culebrero, el “stand up comedy” popular. Ni hablar de la variedad que presenta la gastronomía regional colombiana. Cuando alguien pregunta ¿cuál es el plato típico colombiano?, obtiene las más variadas y disimiles respuestas. La “bandeja paisa”, el ajiaco, el sancocho de gallina, el sancocho de sábalo, la lechona. Escoja.

Uno podría pasarse horas discutiendo los elementos del folclore de cada país. La vida me ha dado la fortuna de vivir en diferentes culturas, de aprender a conocer y a apreciar el folclore mexicano, el marroquí, el surafricano.

Sin querer ser excesivamente patriotero, debo confesar que de todos los folclores que conozco, el colombiano es de lejos el más rico, el más colorido.

Y es que es el único que incluye, además de las manifestaciones artísticas y de todo el bagaje que la UNESCO llama el “patrimonio inmaterial”, un comportamiento, diferente, muy autóctono, de los colombianos.

Es el folclore con que se “maneja” la “noticia” en Colombia.

En lamentable y muy lamentado accidente, excesivamente a mi leal saber y entender, este fin de semana perdió la vida un cantante vallenato cuyo principal mérito era ser hijo del feminicida, Diomedes Díaz. No daba para que los noticieros de anoche en la televisión y los programas de hoy en la radio le dieran una tercera parte de sus contenidos. Cuando Venezuela nuestro vecino se acerca a pasos agigantados a una confrontación que puede culminar en una guerra civil, cuando el POTUS (no es error de ortografía, ni confusión entre lo U y la O y la U y la A) Trump se le planta como gallo fino a Siria y a los terroristas afganos y a Corea del Norte, es por lo menos sorprendente que la noticia más importante sea la muerte del vallenatero.

Ahora bien, si uno tiene que ver la noticia pues entonces vale la pena rescatar el lado folclórico. Preguntado el conductor del vehículo accidentado explica que iban como a 120 kilómetros por hora y se les “apareció” una moto y que el él hizo el zizá (no sé si escribe así) y que al volver a su carril se topó con un desnivel y perdió el control de la camioneta. Carajo pienso yo andar a 120 kilómetros por hora en una carretera en la que hay que hacerle el zizá a las motos y a los huecos, es por lo menos irresponsable. Se vuelve folclórico cuando uno de los acompañantes explica cuando se le inquiere si cree que el accidente fue por exceso de velocidad: “no qué va nosotros siempre andamos a 160 o 170”. Y sin cinturón de seguridad, y por una carretera a la que no le tapan un hueco desde 2011 pese a que la concesión de peajes, tres, se firmó hace dos años largos. Lamentable accidente, ¡folclórica cobertura!

Desde el sábado circulan en las redes toda clase de mensajes tildando de “traidores a la patria” a los expresidentes Uribe y Pastrana por que tuvieron una cita con el POTUS y fueron a darle quejas. Resulta que los dos expresidentes, Uribe porque no se aguanta las ganas de quejarse y Pastrana porque ha descubierto que es mucho más fácil y menos fatigoso, chupar rueda que halar el pelotón, se levantaron una invitación a un coctel que ofrecía el POTUS en su mansión y lograron conversar con él. En el colmo de la lagartería Pastrana resolvió poner en su cuenta de twitter un mensaje que convertía la colada a la fiesta en “cita” y Uribe ni corto ni perezoso aprovechó la “noticia” para hacer pública una carta “memorial de agravios” abierta, dirigida como quien dice A QUIEN PUEDA INTERESAR.

Nada de nuevo tiene que Pastrana se regodee de su capacidad de entrevistarse y amistarse con cuanto jefe o ex jefe de Estado esté disponible y nada de nuevo tiene que Uribe se queje cada vez que le dan la oportunidad de lo mismo que viene quejándose desde hace ya siete años. Entonces ¿por qué la alaraca? Porque somos folclóricos.

Cuando alguien pide una cita con un jefe de Estado, se define una fecha, se define una agenda, la cita tiene lugar y si se conviene al final de la cita hay una declaración pública. Cuando uno se cuela a un cóctel, se come todos los canapés que pueda, se bebe hasta le agua de los floreros y si puede se echa un carretazo con el anfitrión. Eso fue lo que pasó con nuestros ilustres expresidentes y la recepción del POTUS. Nada más. Ni Uribe le entregó la carta. Ni se avanzó ni se retrocedió en la agenda diplomática internacional de los dos estados y mucho menos se tomaron decisiones que cambiarán la historia de nuestra región.

Qué traidores a la patria ni que carajos, heroicos exponentes de la grandeza folclórica de nuestra amada Colombia es lo que son nuestros expresidentes, quedan pues matriculados en la competencia por el deportista del año, en la modalidad salto de lagarto, que se cuiden Falcao y James y Nairo y Marianita Pajón.

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