Juan Manuel UrrutiaHace unos días me refería a la publicación de los borradores de los acuerdos logrados en los diálogos de La Habana.

Desde el vamos, la gente de Uribe, los del Centro Democrático, dejaron conocer sus reservas sobre esos acuerdos.

En conversaciones privadas se sentía venir el tono de la reacción.

La palabra capitulación empezó a tomar fuerza.

Según la real Academia de la Lengua la capitulación es el “Convenio en que se estipula la rendición de un ejército, plaza o punto fortificado”.

De entrada hablar de capitulaciones es como mínimo una forma agresiva de calificar el proceso de negociación.

A mí me parece que el uso de esa palabra le quita de entrada fuerza a ciertos argumentos.

Partir de la base que el Gobierno de Santos está capitulando es quitarle toda posibilidad de éxito al proceso de paz.

El viernes de la semana pasada el uribismo presentó el documento que se refiere a “las 52 capitulaciones del Gobierno de Santos frente a las FARC”.

Quedó pues plasmada la posición del Centro Democrático. Todo acuerdo con las FARC es una capitulación. Esa posición, combinada con el tradicional “todo vale” que está en el meollo de la Doctrina de la Seguridad Democrática, lleva a un documento que deja claramente establecido que el partido de Uribe se opone al proceso de paz.

El siguiente artículo de la Silla Vacía muestra como la verdad y la certeza no son las características de las posiciones del Centro Democrático.

A los defensores de Santos les dieron munición para que refuercen sus acusaciones de que Uribe y sus seguidores están en contra de la paz y lo que quieren es la guerra.

A los “furibistas” el documento les da las tijeras para que se sigan rasgando las vestiduras.

Y hasta ahí.

Al debate público, necesario y civilizado que requiere la construcción de una paz duradera en Colombia, el documento del uribismo en nada contribuye.

La oposición es sana, es necesaria, debe ser sin embargo constructiva. El Uribismo ha caído en la trampa que tanto le he criticado a los mamertos.

Si no es como ellos dicen que debe ser entonces no puede ser.

Y esa oposición no sirve para nada.

Hay profundas preocupaciones sobre el proceso de paz.

Las preguntas sobre la forma en que se habrán de financiar los programas necesarios para cumplir con los compromisos que se van adquiriendo requieren una respuesta urgente y transparente.

La politización de los temas, las posiciones absurdas y obtusas de críticos y defensores enrarecen un ambiente que debería ser de transparencia, de diálogo y de construcción.

¿Será culpa de la reelección?

 

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