Presidente JM Santos
Al presidente Santos le ha dado por disfrazarse de piloto de la NASCAR, o de jugador profesional de boliche, se pasea con una camisa blanca llena de logos.

Lo ve uno con la ministra de educación, con los alcaldes y con los generales desmovilizados vistiendo la mencionada camisa.

Juan Manuel UrrutiaNo he logrado establecer si los logos cambian.

El martes pasado, ya tarde y con un par de vinillos entre pecho y espalda, me senté a ver el noticiero de televisión previamente grabado y me encontré al Señor Presidente vestido de traje oscuro con corbata y todo, parado en un corredor con un “background” de banderas de Colombia, muy tieso y muy majo, haciendo una alocución televisada.

Comenzó con un galimatías sobre la reducción de la pobreza y la democracia e hizo una maravillosa hipérbole para terminar explicando que era indispensable defender la democracia y las instituciones y que nada se lograba pidiendo renuncias masivas de magistrados ensombrecidos por sospechas generalizadas de corrupción y de tráfico de influencias.

Yo no entendí mucho, pero me dio la impresión que el Presidente, con corbata y mayúscula, estaba anunciándole al país que ahora si iba a impulsar la reforma a la justicia que ofreció hace cinco años y que no fue capaz de sacar adelante.

Luego me enteré que la gran reforma incluiría la creación de un tribunal de aforados, encargado de juzgar a los altos funcionarios del Estado protegidos con el fuero constitucional, el Señor Presidente entre ellos, maravilloso me dije.

Todo bien hasta que se da uno cuenta que el Presidente ha anunciado que será él quien nombre a los integrantes de esa Súper Instancia del Estado, que entre otras cosas sería la encargada de investigar y juzgar al Presidente.

¿Que qué? ¡que sí hombre! que el presidente va a nombrar a quienes estarían encargados de juzgarlo. Que solo así se puede superar la crisis estructural de la justicia en Colombia.

El miércoles unos generales en retiro renunciaron a sus cargos de asesores, ad honorem, del General Mora que era la garantía que el presidente, había ofrecido para asegurar que el estatus de las Fuerzas Armadas no sería objeto de concesiones en los diálogos de La Habana. Esgrimen los renunciantes que la causa de su decisión es el retiro de los generales Mora y Naranjo de la mesa de negociación.

foto4_gResponde el piloto de NASCAR que aparece en una amable reunión, con su camisa de logos, con los dos generales en el avión presidencial, que el retiro es temporal que se van a dedicar a salir a acompañarlo a los batallones y brigadas a hacer la pedagogía de los acuerdos.

Dice María Isabel Rueda en su columna de ayer, que no tanto. Que hubo un encontrón en el seno del equipo negociador y que esa es la razón de la ausencia, temporal.

El viernes, otra vez con la camisa de logos, el corredor de NASCAR le ordena al superministro litigante, “doctor Néstor Humberto deroguemos la ley de garantías, con mensaje de urgencia, eso ya no se necesita porque ya no hay reelección”.

Procede luego en un tono que no sé por qué me recordó a Hugo Chávez, a ordenarles a los alcaldes en cuya convención estaba, que se gasten rapidito cinco mil millones de pesos.

Con esas tres noticias he quedado como sentado en un charco, anonadado.

¿Va el presidente a aprovechar la crisis de la justicia para nombrar a sus propios jueces?

¿La banqueada del general Mora es como la de Falcao en el Manchester, porque no se entendió con el técnico? ¿Lo mandaron a jugar a la “segunda”?

¿Cómo asegurar la transparencia de las elecciones regionales en donde la coalición de la Unidad Nacional, la de Ñoño Elías y Musa y otros tantos, aspira a barrer al Centro Democrático, el de Uribe y los “enemigos de la paz”?

Sin Ley de Garantías ¿cómo garantizar que la oposición tenga garantías en el referendo refrendatorio de los acuerdos que el Gobierno pretende realizar el mismo día de las elecciones regionales?

No soy enemigo de la paz, ni de la inversión pública ni de la reforma a la justicia. Pero por favor señor Presidente no nos crea tan pendejos como dice Mauricio Vargas.

 

 

 

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