Se chamuscóLo cocinaron con cuidado. No sin dificultades. Era necesario convencernos que el propósito era construir una paz duradera y no ganar el premio, cobrar el cheque y dejar así.

Reflexiones de Juan Manuel UrrutiaCuando ya creían tener todo listo casi se les quema el pan en la boca del horno cuando los derrotaron en el referendo. Afortunados, lograron que la comunidad internacional, la misma que dejó que Putin anexara a Crimea y que se uniera con Assad para masacrar a la población de Alepo, les diera un empujón.

Y quedó cocinado el premio Nobel.

¿Cocinado? Se les chamuscó.

Es que cuando las cosas se hacen mal, quedan mal hechas.

En el afán por firmar y pasar la cuenta del Nobel, que seguramente estaba asegurado si se firmaba el acuerdo, no se ocuparon de la implementación y menos de gobernar. Como soy malpensado, se me ocurre que ellos sabían y que creían que todo se resolvía con el Nobel.

Soñaron que firmado el acuerdo y ganado el Nobel todo se resolvía. Las zonas especiales de concentración quedaban arrendadas, construidas y dotadas con un movimiento de la nariz de “hechizada”. Los contenedores que la ONU se comprometió a instalar en las 26 zonas estarían en la puerta para que guerrilleros y guerrilleras fueran registrando y depositando sus fusiles, pistolas cuchillos, granadas y otras armas. Los jefes reportarían y entregarían tatucos, cilindros, explosivos, mechas, artillería y como decía Irene Papas, en Zorba el Griego, al final de la tragedia, todos se irían para la playa.

Imaginaron que la corrupción rampante, conocida y descontrolada se esfumaba como por arte de magia. Creyeron que ganado el Nobel, las bandas criminales se arrepentirían de sus acciones y la seguridad en las ciudades regresaría acompañando la movilización de los guerrilleros hacia la zonas especiales. Se sentaron a conversar con los otros terroristas asumiendo que seguirían el “buen” ejemplo de sus colegas de las FARC.

Soñar no cuesta nada, la imaginación para todo da.

¡Pero llega la realidad y zas Caifás!

Como no se ocuparon, las zonas especiales no estaban ni arrendadas, ni construidas, ni dotadas.

En su afán por firmar, firmaron el mejor acuerdo posible y no se ocuparon de ver bien como era lo de la logística de la entrega de armas.

http://www.semana.com/nacion/articulo/desarme-de-las-farc-arranca-sin-entrega-de-armas/517191

Juraron y perjuraron que a ningún desmovilizado se le pagaría más de un salario mínimo. Acusaron a la oposición de mentir. Acabaron anunciando que van a contratar a 1200 desmovilizados con salarios mucho mayores al mínimo para que “cuiden” a sus cabecillas.

La corrupción a la que no le pusieron bolas les explotó en la cara con el escándalo de Odebretch.

Y salieron chamuscados.

Triste espectáculo el de un país en donde su flamante premio Nobel tiene una imagen negativa que supera el 70%. Cuando alguien de un país se gana el premio Nobel eso redunda en un aumento del optimismo general. Pero en la Colombia real, no la que soñaron, eso no es así. Hace dos días ha sido publicada la encuesta que hace Gallup cada dos meses y todos, absolutamente todos los indicadores muestran un empeoramiento de la imagen de todos los políticos y un aumento generalizado del pesimismo y de la percepción de que todo está empeorando.

http://www.eltiempo.com/contenido/politica/gobierno/ARCHIVO/ARCHIVO-16832164-0.pdf

Creyeron qué con firmar el mejor acuerdo posible, y con ganarse el Nobel todo se resolvía.

Lo cocinaron con mucho cuidado, pero se les chamuscó.

Lo malo es que esos niveles de frustración general llevan a fenómenos como lo que vemos pasar en Venezuela todos los días o lo que estamos empezando a ver pasar en los Estados Unidos por estos días.

Que todo en la vida es sueño y que los sueños, sueños son, pensarán.

 

 

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