Juan Manuel UrrutiaInteresante debate se puede generar entre la revocatoria y la “refrendación” del mandato de Petro.  Sería maravilloso que partidarios de una y otra presenten argumentos sólidos.  Espero, por ejemplo que Gómez y los que apoyamos la revocatoria comprobemos que Bogota sale mejor librada con un Petro revocado que con un Petro enmendando la plana.

Quienes defienden la continuidad de Petro o la “refrendación” deben trascender el simplista argumento de la conspiración de derecha y de los corruptos  Tampoco me parece muy válido el argumento de que la revocatoria puede causar una crisis mayor que la causada por tres años más de ineptitud.  El argumento que espero para convencerme a favor de la continuidad es que alguien me demuestre que Petro es capaz de corregir, de escuchar.

De lo que no puede quedar duda es que como vamos, vamos mal y que Petro tiene mucha culpa por su estilo y sus improvisaciones que no han permitido comenzar a corregir el desastre de varias pésimas administraciones anteriores.  Lo que no es justo culpar a Petro por no haber resuelto en un año problemas creados desde las soberbias acciones de Peñaloza, la extrema demagogia de Lucho y la saqueada que le metieron Torombolo y su hermanito a la ciudad.

Petro nunca pensó gobernar a Bogotá.  Él se lanzó a la alcaldía para crear la plataforma para una nueva candidatura presidencial.  La verdad Petro fue buen candidato a la presidencia en 2010 y a la alcaldía en 2011.  No estaba preparado para gobernar y lo ha demostrado con lujo de detalles.

Arrancó con un equipo de lujo, gente como Daniel García Peña y Antonio Navarro, y los quemó.  De ahí en adelante sus escuderos duran menos que un merengue en la puerta de un colegio al que la secretaría de educación le ha suspendido los desayunos.  Y el alcalde a dar palos de ciego.

No se puede plantear una revocatoria como respuesta a un problema particular o específico como el de las basuras.  Es más, el tema de las basuras tiene de largo lo que tiene de ancho.  El modelo que funcionó los últimos veinte años era un modelo arcaico.  Una ciudad de más de diez millones de personas no se puede dar el lujo, en pleno siglo XXI, de no separar un reciclar.  No le podíamos exigir a Petro o a quien quiera que hubiese salido elegido, que resolviera el problema de un plumazo.  De hecho la sentencia de la Corte Constitucional que precipitó la crisis daba espacio para una solución más ponderada, mejor planeada y estructurada.

Lo que deja una profunda preocupación, es que precisamente Petro trató de resolver el problema de cachuchazo.  Que amparado en la sentencia de la corte, y aduciendo defender los intereses de los recicladores, se negó a oír las advertencias de muchos expertos.

Lo que horroriza y por ende justifica que consideremos la revocatoria, es que ante las críticas y las advertencias, el señor Petro asumió una actitud soberbia y agresiva inventando un inexsitente conspiración de los contratistas actuales.  No podemos olvidar que les dijo que si recogían basuras el 18 de diciembre “les echaba a la policía” y que por ello la ciudad amaneció sumida en un mar de basuras el 18 y el 19 y el 20 de diciembre.

No podemos aceptar a un alcalde que mintió y siguió mintiendo hasta que se fue de vacaciones, por ejemplo cuando dijo, mondo y lirondo, que los famosos camiones, cuyas fotos en deplorable estado ya circulaban, entrarían en operación el 25 de diciembre.  Para colmos, Petro y su equipo no han tenido el más mínimo empacho para hacer una contratación secreta, a dedo seguramente, para alquilar nos camiones que nunca llegaron.  A uno lo deja perplejo, que sin mayores problemas, Petro quemó a dos funcionarios, el gerente del Acueducto y el de Aguas de Bogotá.

En resumen Petro ha demostrado una enorme soberbia en el año que lleva de Alcalde de la capital.  Es soberbia que le hizo perder a dos excelentes seres humanos que seguramente le hubieran bajado el tono camorrero y agresivo al alcalde.  La misma soberbia que dejó a Bogotá al borde de quedar por fuera del programa de las cien mil viviendas del Ministro Vargas Lleras. Y es por esa incurable soberbia que Petro no ha mostrado interés alguno en enmendar la plana, en corregir errores.  Y entonces Bogotá anda de “patraseada en patraseada”.  Entonces para evitar más patraseadas, reversemos la elección y revoquemos a Petro.