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Una de las muchísimas críticas que se le hacen al gobierno del presentador presidente, y al partido del presidente eterno, Álvaro Uribe, es la soberbia con que actúan.

Soberbia que se hizo evidente por la forma displicente con que actuaron frente a la Minga.  La rotunda negativa de reunirse con la Minga, por parte del presentador presidente, no muestra más que cobardía y soberbia.  No quiso el presentador presidente reunirse con la Minga en Cali.  La Minga dijo que se venía para Bogotá.  El presentador presidente a través de su vocero Diego Molano, soberbio como pocos, le delegaron el problema a la alcaldesa de Bogotá.  El ministro de indefensa y varios estamentos militares indicaron que la Minga estaba infiltrada por el ELN y por las “disidencias” de las FARC.  El ministro de salud insinuó que tenían información que varios miembros de la Minga se habían devuelto al territorio porque estaban contagiados de Covid-19.  El gobierno del presentador presidente no sabía como deslegitimar a la Minga.  

Juan Manuel Urrutia

Obviamente los puntos que lo indígenas del suroccidente de Colombia, perseguidos, asesinados, despojados de sus tierras, quieren discutir son temas políticos o de política.  El presentador presidente en su soberbia siente que a él no se le puede pedir que responda sobre temas de política porque su gobierno es un gobierno sin políticas.  Es un gobierno que “chambonea” para resolver los problemas que se le van presentando.  

Si se le pregunta al gobierno del presentador presidente por la política para prevenir las masacres y los asesinatos de líderes sociales responde que primero que todo no hay masacres sino homicidios múltiples, y que en cuanto a prevención la única medida posible es la aspersión aérea.  Que los homicidios múltiples y los asesinatos de líderes sociales son causados por el aumento de los cultivos de uso ilícito que a su vez son el resultado de los acuerdos de paz con las FARC.    

Si se le pregunta a él o a su partido por la implementación de esos acuerdos, asunto de política pública, la respuesta del gobierno es que todo va muy bien y la del partido es que hay que derogar la JEP.  Mientras tanto la mayoría de los implicados dicen que la implementación ha sido lenta y caótica sobre todo en lo que al tema de la propiedad de la tierra se refiere. Y si por esto fuera poco ya son 135 los excombatientes desmovilizados asesinados desde la firma del acuerdo. 

La Minga vino a Bogotá, estuvo en Bogotá, marchó en Bogotá y se regresó sin un solo incidente, para sus territorios.  Lo único anormal es que, para sorpresa de todos, cuando los indígenas se retiraron del Palacio de los Deportes dejaron las instalaciones más limpias y mejor cuidadas que cuando llegaron.  Anormal digo porque basta ver cómo quedan Playa Blanca o Taganga después de un fin de semana de turistas, para conocer las costumbres de los otros colombianos, muchos de los cuales “desprecian” a los indígenas. 

Cuando la soberbia no alcanza porque el gobierno está tan desprestigiado y maltrecho que el discurso ya no le alcanza, entonces surge la mermelada:

La jugadita de Macías y de la coalición de la mermelada del gobierno en el diabético congreso no tuvo como propósito evitar la moción de censura.  Se sabía de antemano que la moción sería negada por la coalición de la mermelada.  No, la jugadita tuvo como propósito evitar que, en ejercicio al derecho a la oposición, los senadores que citaron al ministro de la indefensa pudiesen presentar las pruebas que tienen sobre su ineptitud, sobre su incapacidad para controlar a unas fuerzas armadas y de policía corruptas e ineficientes y sobre la tramposa y mentirosa forma en que se coordinó la participación de fuerzas extranjeras en operaciones en Colombia.  

Cuando una coalición basada en acuerdos políticos y programáticos funciona para impulsar la legislación se enaltece la democracia.   Cuando la “coalición” se usa para tapar las actuaciones indelicadas, ilegales y corruptas de los miembros de un gobierno se envilece la democracia y se prostituyen los miembros de la coalición.

En lo que va corrido de la actual legislatura, el congreso de la coalición de la mermelada, sesionando de manera virtual para limitar el debate, pasará a la historia como uno de los momentos más bajos de la política colombiana.  La elección de un presidente del Senado investigado por actos de corrupción electoral, la bochornosa elección de la cuestionada ministra de justicia como procuradora, cinco meses antes de que el período del actual procurador terminara; y la supresión de cualquier garantía para la oposición son prueba del talante soberbio de un congreso controlado por la mermelada que a tarrados reparte el gobierno.

La coalición de la mermelada está al servicio del gobierno, en ella se funden el legislativo y el ejecutivo.  Cuando los entes de control y las cortes van quedando en manos de los “amigos” del gobierno desaparece la división entre el ejecutivo y el judicial.  Se funden entonces en un pote de mermelada las tres ramas del poder y se debilita la democracia.  Surge el soñado por Uribe y sus ideólogos Estado de Opinión, ese que tanto le gustaba a Goebbels y a los nazis y a cuanto tirano se les pueda ocurrir.