Escándalo SantosHe pasado 9 años de mi vida deambulando por África, por la India y por Tailandia. Y cada vez que había un elefante a la redonda uno lo veía, lo oía.

Reflexiones de Juan Manuel UrrutiaLa escala colombiana de los delincuentes de la infraestructura, Odebrecht, tenía tres aristas. Un aporte directo utilizado para cubrir parte del costo de la asesoría de imagen que un dudoso personaje brasileño que al decir de gentes vinculadas a la campaña de Oscar Iván Zuluaga resultó bastante efectivo y que le costó la candidatura presidencial Oscar Iván. Un soborno puro y maduro de más de seis millones de dólares que el viceministro de transporte de Álvaro Uribe le cobró a Odebrecht por la adjudicación de la Ruta del Sol II. Un enredado pago de una comisión de éxito al ex senador Bula que según él fue a parar a las manos de Roberto Prieto, gerente de la campaña de Santos en 2014 y gerente en la sombra de la campaña de 2010.

¿Serían tan estúpidos los avezados delincuentes de Odebrecht, los que le untaron la mano a media américa latina para obtener sus contratos, de apostarle a un solo candidato en Colombia en 2014?

No sonaba creíble. Desde la Casa de Nariño, el secretario de transparencia trató de hacernos creer que ni Santos, ni sus funcionarios, ni sus campañas tenían lunar alguno. Santos aseguraba la total transparencia de sus campañas y de sus colaboradores.

Pero más rápido cae un mentiroso que un cojo.

Hoy ha quedado establecido, con mea culpa incluido que la elección del 2010 se la robaron a la Ola Verde utilizando artimañas por las que Santos exigía en los tiempos del elefante la renuncia de su ahora fiel servidor, el bojote Samper. Lo trató de negar uno de los más cercanos amigos de Santos y padre de su jefe de protocolo. Lo reconoció la exdirectora de la Cámara de Comercio cuando la agarraron a quemarropa. Lo terminó aceptando Roberto Prieto, gerente de la campaña. Lo tuvieron que aceptar los demás miembros del Comité Financiero de la campaña de 2010. Y el presidente (sin mayúscula porque la mayúscula es para gente honorable) ofreció disculpas y en el más puro estilo samperista, ese que tanto criticó antaño, dijo que todo era a sus espaldas.

Los afiches los pagó Odebrecht. ¿Y qué más? ¿Nada? Hoy en la W Julio Sánchez le recomendó a Roberto Prieto que recordara una reunión con la gente de Interbolsa que parece haber “costado” Ciento Cincuenta Mil Dólares de los ahorradores y le sugirió que recordara a los petroleros de moda en 2010, ¿se refería a Pacific Rubiales?

Entre las explicaciones de Prieto hoy en Blu Radio, resalto una. Dijo que él estaba tranquilo gerenciando el partido de la U, cuando en mayo de 2010, el entonces candidato lo llamó para que “pusiera a andar la máquina de la campaña que estaba estancada”. En mayo de 2010 la Ola Verde de Mockus y Fajardo acababa de sobrepasar a Santos en las encuestas, había que hace algo. E hicieron lo único que saben hacer los políticos corruptos, conseguir más plata para comprar la elección. Y ganaron.

El millón de dólares que Bula dice haber entregado, se esfumó. El otro millón de dólares que la empresa de publicidad de la campaña de Santos 2014, Sancho BBDO, reconoce haberle facturado a Odebrecht para una investigación que parece ser “confidencial” no ha sido explicado. En 2014 Prieto era el gerente de la campaña. En 2014 Santos había perdido en la primera vuelta con Oscar Iván Zuluaga. Según la Silla Vacía para la segunda vuelta volvieron a poner a andar la máquina de la campaña. En el comité financiero de la campaña del 2014 estaban, por lo menos, dos miembros del mismo comité de 2010 que ya han reconocido que hicieron trampa.

No basta que el presidente salga a decir que no vio el elefante de 2010 y a ofrecer disculpas, insulta la inteligencia de los colombianos que vivimos con indignación el proceso 8000. Pueden decir que no se cometió delito alguno. Pueden haber sido cuatro dólares, cuarenta, cuatrocientos, cuatrocientos mil, o cuatro mil millones de millones. Su elección es ilegítima, ganada con trampa, derrotando a un movimiento limpio, transparente de gente joven que proponía, desde una opción seria, un cambio en la política colombiana.

Tienen que explicar hasta la saciedad como es el cuento del millón de dólares embolatado y como es el cuento de la investigación que contrató Odebrecht con Sancho BBDO. Y muchas otras cosas más. Yo no les como cuento y creo que la elección de 2014 estuvo salpicada de la misma porquería.

Nunca le creí a Samper que no vio el elefante. Ni le creo a Santos. Porque no creo que una multinacional que desarrolló semejante capacidad de corromper, de comprar adjudicaciones, sea tan ingenua de aportar una suma millonaria a una campaña sin asegurarse que el candidato sepa y se comprometa a “devolver los favores”, y si el aporte es para pagar favores recibidos, con más veras. Tampoco creo que el único contratista que acudió a esas trampas haya sido Odebrecht.

Y si la elección de 2010 es ilegítima, la reelección también, y el nobel y los acuerdos de paz que negoció y firmó un gobierno ilegítimo. Con sus porquerías, Uribe y Santos, unidos en ese momento, separados ahora porque les conviene la pelea, dejaron mortalmente herida a la institucionalidad colombiana.

Y ellos y todos quienes con ellos han estado untándose de porquería y salpicando las instituciones han quedado moralmente inhabilitados. Ni el Centro Democrático, ni la U, ni el partido Conservador, ni el Liberal, ni Cambio Radical merecen el voto y mucho menos la confianza de los colombianos porque todos están untados, y como decía un tío mío “no hay que confundir la mierda con la pomada”, y esta vez poca pomada.

Llegó la hora de hacerles saber a los políticos corruptos que los elefantes colombianos NO son invisibles.

 

 

 

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