ATLANTA, Georgia — Dos cosas quedan claras al caminar por las calles de esta metrópolis: La pandemia y el profundo desprecio a Donald Trump por parte de los residentes

La pandemia está presente en todas partes.

Faltan solo 12 días para la navidad y las calles están casi vacías. Escasas personas salen, todos enmascarados, en una diversidad de colores y diseños, se desplazan en grupos pequeños, evitando acercarse mucho, saludándose de lejos, tratando de traer algo de normalidad a sus actividades de fin de semana. Niños, jóvenes, mayores, hombres, mujeres, LBGT, blancos, negros, latinos, asiáticos.

Son estas personas quienes dieron el estado de Georgia a Joe Biden en la elección del 3 noviembre, y en quienes han depositado todas sus esperanzas los demócratas para ganar el Senado, lo cual ayudaría a la nueva administración a cambiar el curso del país.

David Perdue y Kelly Loeffler, ambos republicans, no obtuvieron la votación suficiente para mantener sus puestos y ahora, en segunda vuelta, enfrentan a los demácratas Jon Ossoff el Reverendo Raphael Warnock.

La votación temprana comienza el 14 de diciembre. El 5 de enero es el último día.

Los republicanos les han tirado con todos, llamándolos radicales, socialistas, anti americanos. Han traído sus grandes capos invirtiendo decenas de millones de dólares para sacar su mensaje, movilizar su electorado.

Georgia, desde 1996, ha votado rojo es decir Repúblicano.

Pero los demócratas y sus partidarios tienen dos cartas a su favor. Una es que la mayoría de los habitantes del estado viven en el área metropolitana de Atlanta. Aquí a Donald Trump se le desprecia. Y ello se traduce en números. Una votación masiva traerá buenas noticias para los demócratas.

Lo otro es la división que ha generado entre republicanos la derrota de Donald Trump en las urnas el 3 de noviembre, y 59 veces en los tribunales incluyendo dos intentos de llegar a la Corte Suprema.

Trump no ha parado de insulta al partido republicano de Georgia por haber certificado su derrota.

Pase lo que pase, la conducta de Trump (y sus secuaces) desde que perdió la elección ha sido una vergüenza nacional e internacional.

Mientras que la Revista Time elegía a Biden/Harris la Persona del Año, la Revista alemana Der Spiegel nombraba a Trump como el “Perdedor del Año”, de una presidencia que termina como comenzó: Sin decencia ni dignidad”.

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Hábleme de elecciones libres. Esta puede ser la respuesta del mundo entero a EUA de los intentos por parte del presidente y parte del partido republicano, entre ellos 126 congresistas.  

Perdió 59 veces en 60 demandas que presentó. Ganó una que le dio un puñado de votos en Wisconsin. Menos de 200.

Trump, pese a sus acusaciones de fraude, jamás presentó pruebas. Testigos y expertos resultaron siendo una manada de mentirosos, en algunos casos sin las credenciales en las que basaban su credibilidad.

Uno de estos testigos de Sdney Powell se hacía llamar Spyder. Experto en seguridad. Pero, como indica el The Washington Post, “Resulta que Spyder es Joshua Merritt, un consultor de tecnología de la información de 43 años en el área de Dallas. Merritt confirmó su papel como testigo secreto en una las audiencias“. Nunca completó los cursos para acreditarlo.

En otras palabras. No es nadie.

Sidney Powel es parte del equipo de abogados de Trump encabezado por Rudy Giuliani.

Perdedores todos.

Incapaces.

Mediocres.

Posiblemente criminales.

El cachetadón más duro que recibió Trump fue cuando la Corte Suprema de EUA se negó a siquiera escuchar una demanda por el estado de Texas. Argumentaban que era imposible que Biden ganara en los estados de Pennsylvania, Wisconsin y Michigan. Y deberían básicamente descontar esos votos.

En otras palabras, no estaban de acuerdo conel resultado y había que cambiarlo. Una aberración, antidemocrática.

Hábleme de demócracia.

Trump, por su ignorancia sobre la ley y la constitución, parecía estar convencido de que la Corte Suprema le iba apoyar. Los jueces se negaron a escuchar la demanda por falta de méritos.

Le arruinó la noche.

El presidente sigue gritando a los cuatro vientos, desenfrenado, como un demente. Dividiendo aún más a su propio partido.

Pero 126 congresistas republicanos le apoyaron. Igual que los fiscales generales de varios estados. Son enemigos de la democracia. Y forman parte del sistema.

CFT,
Director El Molino Online
Atlanta, Georgia
12/13/2020