Heroes argentinosUno de los paladines de la Reconquista de Buenos Aires en 1806 fue Juan Martín de Pueyrredon, porteño, hijo de padre francés (los Pueyrredon no ponen tilde en el apellido), futuro director supremo y futuro patrono de una de las principales avenidas porteñas.

Pocas semanas después de la heroica recuperación de Buenos Aires, el Cabildo lo comisionó para que en España se entrevistase con el rey Carlos IV y le brindara los pormenores de la invasión inglesa al Río de la Plata.

El objetivo era obtener alguna recompensa en favor de la capital del virreinato, desde un título para la ciudad (Fiel, Reconquistadora) hasta exenciones tributarias.

La misión no tuvo el éxito esperado. En esos días, ya disponiéndose a partir de regreso, Pueyrredon que parecía tener un imán para las aventuras fue testigo de la invasión napoleónica a España. Huyó de Madrid y luego de peregrinar por ciudades españolas, embarcó rumbo al Río de la Plata.

El océano también conspiró en su contra: el viaje fue una montaña rusa. Por fin arribó a Montevideo donde lo esperaban con los brazos abiertos. Pero para arrestarlo. Acusado de ser agente francés, el gobernador Elío ordenó que fuera devuelto a España en calidad de prisionero.

El barco que lo transportaba naufragó en aguas brasileñas. Fue trasladado de Santos a Río de Janeiro, donde logró burlar la custodia y se fugó. Nuevo destino: su Buenos Aires querida de donde había partido en misión diplomática.

Llegó a mediados de 1809. La bienvenida fue corta: un representante del virrey Cisneros mandó detenerlo, nuevamente acusado de ser espía de los franceses.

No fue a parar a la cárcel del pueblo, en el edificio del Cabildo, ya que se trataba de un preso político. Fue alojado en el cuartel de los Patricios, en la célebre Manzana de las Luces. Esto alivió sus penurias porque Pueyrredon tenía muy buena relación con los oficiales de ese cuerpo Saavedra y Belgrano, entre otros y se le dio un trato diferencial. Incluso, el prisionero participó de reuniones secretas dentro del cuartel.

La irregularidad llegó a oídos de las autoridades, que resolvieron trasladarlo a otro cuartel, el de los Arribeños.

La noticia del traslado provocó un enojo general. José Cipriano hermano de Pueyrredon y una mujer monísima concurrieron, acompañados por un grupo de vecinos, a quejarse ante los oficiales de Patricios.

La mujer llevó la batuta y debe haber sido elocuente, porque se postergó por unas horas la mudanza del prisionero. Esa noche, la encantadora dama y José Cipriano regresaron al cuartel de Patricios y una vez más, ella dio un discurso a los guardias. Les recordó el patriotismo de Juan Martín en la Reconquista y les sugirió que reblandecieran la vigilancia.

¿Quién era la atractiva mujer que los arengaba? Juana Pueyrredon de Sáenz Valiente, hermana del prisionero.

Esa noche, Juan Martín se fugó por una ventana, dando un final feliz a esta historia de los Pueyrredon. La curiosa historia de Juana y sus hermanos.

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Imagen Juan Martin de Pueyrredon Wikipedia