Trump por TwitterTemprano el sábado por la mañana desde su legendaria cuenta de Twitter, Donald J. Trump, presidente de EUA y el hombre más poderoso del mundo, denunció uno por uno los agravios de una semana donde los titulares lo azotaron desde una multiplicidad de ángulos.

Discutió el perdón presidencial a sí mismo, su hijo, su yerno, su antiguo asesor de seguridad nacional, y otros que parecen haber caído en las redes de Robert Mueller, que encabeza una de varias investigaciones sobre los vínculos de la campaña Trump 2016 con Rusia. Estos vínculos, presuntos hasta que fueron documentados la semana pasada a través de un correo de Donald Trump Jr., accediendo participar en una reunión con una abogada rusa vinculada al gobierno de Vladimir Putin, están desgastando la administración.

Denunció las nuevas filtraciones que el viernes por la noche resultaron en otra serie de titulares en contra del Fiscal General, Jeff Sessions, a quien ahora se acusa de ocultar la verdad sobre las reuniones que ha sostenido con representantes del gobierno ruso.

A Sessions ya lo había fustigado días antes en conversación con el New York Times, en una entrevista que sacudió la capital. Dijo que no debió haber nombrado a Sessions (el primer senador que lo apoyó) al gabinete. Fueron palabras humillantes para Sessions, que muchos comentaristas interpretaron como un llamado a que renunciara.

Luego también arremetió contra el New York Times, periódico al cual había concedido una extensa y amena entrevista la cual resultó siendo lesiva para él.

Dijo que el periódico se está hundiendo y da prioridad a su “agenda enfermiza” sobre la seguridad nacional del país.

También el presidente volvió a echarle tierra a “Crooked Hillary Clinton” por el escándalo de los correos que ayudó a descarrilar la campaña presidencial de la candidata demócrata en 2016.

Sobre el proyecto de ley de salud que sigue trabado en el Senado de la república, el presidente repitió que ObamaCare está “muerto” y atacó a los demócratas como “obstruccionistas”. Sin embargo, también tenía palabras poco agradables para los republicanos. El presidente no jugó un papel muy activo impulsando la ley en el Senado ni tampoco parecía muy conocedor de los detalles de la ley.

Cabe señalar que los deseos del presidente y su partido republicano de eliminar la ley de salud conocida como ObamaCare puede ser su talón de Aquiles. Incluso en las regiones donde él derrotó a Hillary Clinton en Noviembre 2016 para ganar la presidencia, el segmento de clase obrera blanca olvidada por la economía de ocho años de Obama en la Casa Blanca, la oposición a que retiren esa ley es relativamente sólida. Para muchos es el primer seguro que jamás han tenido.

El presidente también comentó sobre los cambios en su administración que resultaron en la salida de Sean Spicer, Secretario de Prensa quien fuera el hazmerreír del país desdeel 20 de enero 2017, primer día de esta Casa Blanca. El cambio de guardia con solo seis de meses en el cargo, ha sido interpretado como comprobante de que el equipo presidencial no tiene una estrategia de medios comparable a la que desplegaron durante la campaña.

Anthony Scaramucci, un efusivo y telegénico milmillonario neyorkino de Wall Street, ocupará el cargo de director de comunicaciones de la Casa Blanca. Será el jefe de Sarah Huckebee Sanders, quien reemplaza a Spicer. Su responsabilidad consistirá en elaborar estrategias de comunicación que de a la Casa Blanca control sobre el mensaje — algo que perdieron hace mucho.

Eso es más crítico que nunca que se vio con cristalina claridad esta semana, cuando el tema debio ser “Made in America”, promoviendo la industria estadounidense, como durante los gloriosos días de antaño. Cuando se inició la campaña, algunos periodistas recordaron que las empresas Trump producen gran parte de su mercancía en Asia.

Al nombrar a Scaramucci, Trump se distancia aún más del establishment republicano y pone en cuestión los cargos de otros de esa persuasión, como el actual jefe del gabinete, Reince Preibus. Igualmente, muestra su preferencia por un empresario sobre una persona concedora del funcionamiento de un gobierno.

Scaramucci, y el presidente que él se ha comprometido a defender, entra una Casa Blanca donde reinan la frustración ante la incapacidad de despegar, cunde el temor de muchos de perder sus puestos o verse involucrados en situaciones que pueden destruirles sus carreras. Ello se traduce y una serie de filtraciones y pugnas intestinas entre las diversas “tribus” y disímiles facciones de la coalición que le dio la presidencia a Donald Trump.

Trump y Scaramucci enfrentan dentro del electorado un creciente descontento con la actual situación — la mayoría de electores considera que el presidente está haciendo una labor deplorable. También tendrán que lidiar con un partido demócrata donde los de arriba, incapaceces de entregar el mando a Hillary Clinton, se sienten robados por la victoria de Trump. Las bases están movilizándose en defensa de sus derechos.

Además, Trump y Scaramucci enfrentarán la enemistad a muerte de los medios, un ciclo noticioso que no para las 24 horas, los 7 días de la semana. Los programas de opinión por cable TV tienen a su disposición una interminable fuente de expertos, antiguos funcionarios, académicos, estadísticos, analistas políticos que aseguran sus puestos mientras el tema sigue vivo.

No hay que olvidar la huestes de periodistas que ven en la administración Trump como la puerto a los prestigiosos premios que podría inmortalizarles en el Panteón de los Grandes. Dicen que quien busca encuentra y en esta Casa Blanca, manejada con el provincialismo de un negocio familiar, parecen sobrar los sitios en dónde escarbar.

Definitivamente más interesante que el programa House of Cards.

Otra semana que pasó en EUA.

 

Carlos F. Torres
Director, El Molino Online
Julio 21, 2017

 

 

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