dunce-capNOTA DEL DIRECTOR: A sugerencia de Juan Manuel Urrutia, publicamos esta respuesta por Hernán Escobedo David al “requesón” del 12/05/2013, que comenta los resultados de Colombia en las pruebas PISA. La respuesta apareció originalmente en una lista privada de exalumnos del Liceo Francés Louis Pasteur de Bogotá, Colombia.

Por Hernán Escobedo David — Hay cosas que aprendimos en el colegio que no nos han servido para nada en nuestras vidas en tanto que otras han sido muy valiosas. Un buen sistema educativo, antes de enseñar algo, debe entonces preguntarse, como mínimo, si lo que se va a enseñar sirve o no sirve para la vida.

Después de varios años de discusiones relacionadas con la pregunta anterior, hay tres cosas que parecen ser muy útiles para todos los ciudadanos de todos los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Ocde, que participaron en ellas: 1) saber leer de manera comprensiva y crítica y escribir de manera expresiva; 2) comprender las matemáticas y poderlas utilizar en la solución de los problemas comunes de la vida; 3) comprender las ciencias y utilizar sus productos de manera crítica y ética.

Entre los programas de la Ocde está “The Programme for International Students Assessment”, PISA, que se interesa por medir la capacidad de los jóvenes para usar su conocimiento y sus destrezas para afrontar los retos de la vida en las sociedades modernas. Bajo esta perspectiva (llamada de competencias), PISA se interesa en el repertorio de habilidades y conocimientos adquiridos tanto en las escuelas como fuera de ellas y en el potencial para reflexionar y usar este repertorio en situaciones o escenarios diversos de la vida cotidiana.

Las preguntas de las pruebas de Pisa no son entonces de la forma “si una pizza se divide en 12 porciones y cada porción cuesta x dinero, ¿cuánto cuesta la pizza entera?” Este es un problema al que se puede enfrentar con éxito un estudiante que se encuentra en el periodo de las operaciones concretas. Las preguntas de las pruebas de Pisa son de la forma “si para ordenar una pizza en un restaurante uno puede seleccionar dos ingredientes de cuatro posibles, ¿cuántos tipos de pizza diferentes se pueden ordenar?” Aquí, la pizza que una persona ordene en una situación real es un elemento del conjunto de todas las pizzas posibles dadas las reglas e ingredientes disponibles en el restaurante. Un estudiante anclado en las operaciones concretas no podrá enfrentar el análisis de las varias posibilidades y, en el mejor de los casos, escogerá como respuesta correcta el número que corresponda con algunas de las posibilidades que puede imaginar sin seguir un proceso de análisis, combinación ordenada de posibilidades y conteo de todas las opciones resultantes.

Una persona desarrolla su pensamiento formal cuando es capaz de ver el mundo real como un elemento del conjunto de todos los mundos posibles. Cuando esto sucede puede proyectarse al análisis de las múltiples posibilidades y por la vía de la síntesis llegar a conclusiones bien fundamentadas y argumentadas. Quien no puede superar el pensamiento concreto se quedará anclado a un estado de cosas dado sin poder situarse en otras perspectivas posibles y, por lo tanto, sin poder ver ese estado de cosas sin perspectiva, sin la perspectiva que da el ser capaz de situarse en múltiples puntos de vista.

(Se trata, pues, no sólo de superar lo que en algún correo Pedro llamaba “literalidad” y Enrique “pensamiento concreto” y que en psicología cognitiva se llamaría incapacidad para abstraer. Se trata, además, de superar el período de las operaciones concretas descrito por la psicología cognitiva que es algo totalmente diferente al “pensamiento concreto” de la psiquiatría y mucho más elaborado que éste, pues supone la capacidad de abstraer y de comprender la lógica discursiva, entre otras cosas.)
Desde el año 2000 hasta hoy se han realizado 5 pruebas (una cada tres años desde el 2000). Actualmente son un recurso para evaluar los resultados obtenidos por el sistema educativo de cualquier país, con referencia a unos estándares internacionales sustentados en un marco de referencia producto de la investigación educativa de punta que orienta la educación en orden a formar ciudadanos capaces de desempeñarse de manera exitosa en la sociedad actual, caracterizada por la necesidad de conocimientos útiles en la solución de los problemas humanos propios del momento.

Colombia ha participado en tres pruebas (las del 2006, 2009 y 2012). Participar no es fácil. El ministerio de educación o la entidad que haga sus veces en cada país participante debe contar con un sistema de evaluación que cumpla con ciertos criterios. En Colombia este sistema lo constituye el Icfes. En 2006 sólo participaron tres países latinoamericanos: Colombia, Chile y México. En 2012 participaron 8. En 2006 en total participaron 42 países, en 2009 participaron 61 y en 2012 lo hicieron 65 países.

Los reporteros o periodistas de El Tiempo, a quienes se les dificulta mucho la lectura comprensiva y la escritura expresiva, vieron una oportunidad estupenda de negocio vendiendo una noticia terrible (vergonzosa dijo Juan Manuel): “Colombia va de culo p´al estanco: primero quedó como de 40 en 2006 y en 2012 ya va como de 60 en las pruebas de Pisa.” No leyeron o no comprendieron o no quisieron quitarle picante a la mala noticia, y no dijeron que lo que sucede es que el número de países que evalúan a sus estudiantes es cada vez más grande, que ingresaron países con sistemas educativos fuertes como China que al situarse en los primeros lugares forzosamente “empujaron” a los demás hacia abajo. Entonces, no es que Colombia haya empeorado: es que entraron nuevos países cuyos estudiantes se desempeñaron mejor que los colombianos.

Ahora, si bien uno puede hacer comparaciones de los puntajes de algunos países con los de otros y decir que tal o cual “quedó de primero” y que tal o cual otro “quedó de último”, eso no es realmente lo importante por dos razones.

La primera es que es difícil hacer comparaciones que vayan más allá de un ordenamiento. ¿Qué sentido tiene decir que, en comprensión de lectura, sobre 65 países, Liechtenstein quedó en el puesto número 16 y que Colombia quedó en el 48? Liechtenstein tiene una superficie de 160 kilómetros cuadrado y 37.000 habitantes. Colombia tiene 1´136.000 kilómetros cuadrados y 45´000.000 de habitantes. Esto quiere decir que si los estudiantes de Liechtenstein sacan un puntaje muy bajo en lectura, les toca hacer un programa de mejoramiento para unos 6.000 Knaben que se encuentran a tiro de cauchera. Si en Colombia se obtienen estos mismos malos puntajes toca hacer un programa para los guámbitos del Tolima y Huila, para los pelaos de las costas, para los guaguas de Nariño y del Cauca, para los chinos del altiplano cundiboyacense, para los parceros de Antioquia, Caldas, Quindío, Risaralda y Valle, para los pingos y los toches de los Santanderes, en fin, para una extensa muchachada cuyos miembros suman alrededor de 9´000.000 que ciertamente no están a tiro de cauchera: para llevarles las pruebas y los materiales educativos a algunos de ellos posiblemente sea necesario viajar 1.500 kilómetros combinando medios de transporte como el avión, el bus, el jeep, la mula, la lancha, la canoa o el camión de Bavaria que llega a refrescar con cerveza a casi cualquier ricón del territorio patrio. ¿Y qué sentido tendría comparar a Liechtenstein con Brasil o con México?

La segunda razón es que lo más importante no es comparar un país con otros. Lo importante es comparar un país con él mismo. Respecto de este tipo de comparación, el informe de la Ocde dice acerca de Colombia que es un caso notable pues promediando las mejoras en los puntajes se observa que entre 2006 y 2012 Colombia ha mejorado 1,01 puntos en lectura, 1,8 puntos en matemáticas y 1,2 en ciencias. Esta mejora discreta pero sostenida, como la califica la Ocde, se puede ver como algo todavía más positivo si se toma en cuenta que la desviación estándar disminuyó. Estos dos datos juntos significan que no solamente se ha mejorado discretamente sino que el número de estudiantes con pésimos resultados también ha disminuido.

Entonces, ¿cuál vergüenza y cuál desastre? Son resultados ciertamente malos, pero no por el hecho de que estén por debajo de la media de los países de la Ocde, sino porque las puntuaciones de estas pruebas miden de manera absoluta (y no en referencia a un punto de comparación) la cantidad de conocimiento que una persona tiene y las correspondientes cantidades para el caso de los estudiantes colombianos son claramente insuficientes para poder esperar que cuando sean ciudadanos (mayores de 18 años) se puedan desenvolver bien en su entorno social y laboral.

En conclusión: estamos mal, pero vamos mejorando de manera sostenida. Y, como hemos dicho, estas aseveraciones son absolutas y no en referencia a otros países: la cantidad de conocimientos que tienen los estudiantes colombianos en promedio, es insuficiente para afrontar la vida de manera exitosa. Sin embargo, esta cantidad va aumentando.

¿Habrá méritos para que Juan Manuel remiende la camisa de once varas en la que se metió y rasgó por culpa de su amor patrio innecesariamente herido?

Comenta Juan Manuel Urrutia V. Estaba esperando la respuesta para proceder a agarrar, o coger, aguja e hilo y arrancar a remendar. Once varas son muchas varas así que me voy a tardar un rato.

La primera puntada es reconocer que caí en la colombiana trampa de la crítica fácil.  Yo me moría de las ganas de echarle la culpa de todo a los mamertos de Fecode.

Equivocado estaba.  

Resulta que en un par de conversaciones con Hacho he descubierto que si en algo se ha hecho un esfuerzo sostenido es en el mejoramiento de la educación y sobre todo de la capacidad de evaluar los esfuerzos del Estado. 

Vendrán más puntadas hasta que quede des rasgada la camisa. 

A Carlos le pido que publique el comentario de Hacho y esta nota en El Molino, cuando se descongele

SALUDOS y Gracias a Hacho por la lección